Caines — Kuens en alemán — es el municipio menos extenso de todo el Trentino-Alto Adigio: menos de dos kilómetros cuadrados, a la entrada del val Passiria. Es tan pequeño que las oficinas municipales no están siquiera en el pueblo, sino en el ayuntamiento del vecino Rifiano. El nombre aparece ya en 720, escrito Cainina, y luego en una serie de formas — Cheines, Chains, Kaims, Kayns — hasta el alemán Kuens de hoy.
Su historia, en cambio, es bávara. En 718 el duque de Baviera Grimoaldo donó este territorio al obispado de Frisinga, y bajo el obispo Corbiniano se levantaron aquí una granja y una iglesia: la tradición quiere que el santo, pasando por aquí camino de Roma, se enamorara del lugar hasta el punto de comprar tierras y plantar viñas y frutales. El vínculo con Frisinga duró más de mil años — en 931 el rey Enrique I tuvo incluso que reconfirmarlo, porque el pueblo se iba desprendiendo — y solo en 1803, con la secularización de los bienes eclesiásticos, Caines pasó al Tirol. En el escudo sigue estando Corbiniano con su oso.
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