En Asís se sube hacia la basílica de san Francisco y uno se olvida de mirar hacia abajo. En el otro extremo del pueblo, nada más pasar Porta San Pietro, hay una abadía benedictina fundada en el siglo diez y documentada desde 1029, que es el sitio más silencioso de la ciudad: un prado delante, la fachada recta y casi nadie.
Qué ver
La fachada es un rectángulo perfecto, cortado en plano en vez de acabar en frontón: debía completarse en punta y nunca se hizo, y esa falta le da una geometría severa que no se encuentra en ninguna otra parte de Umbría. Encima hay tres rosetones, uno grande en medio y dos pequeños a los lados.
Dentro, la iglesia se reconstruyó en el siglo trece en formas románicas ya tocadas por el gótico, con la nave alta y desnuda y una cúpula sobre el presbiterio, que para la Umbría de aquellos años era una novedad. No hay ciclos de frescos ni oro: hay piedra, proporción y silencio, es decir lo que buscaban los benedictinos.
La visita
La abadía está en piazza San Pietro, en la parte baja de Asís, a diez minutos a pie de la basílica de san Francisco; entrada libre, con cierre a mediodía. Veinte minutos. El prado de delante es un buen sitio para pararse.
El consejo de la redacción
Haga esta comparación la misma tarde: primero San Francesco, con las dos basílicas superpuestas, Giotto, Cimabue y la multitud; luego baje aquí y siéntese dentro diez minutos. Son dos ideas opuestas de lo que debe ser una iglesia, a quinientos metros una de otra, y la segunda solo se entiende después de la primera.
