La tradición franciscana dice que las campanas de esta iglesita sonaron solas en la hora en que Francisco moría, abajo en la Porciúncula, sin que nadie tirara de las cuerdas. Es un relato, no un documento, pero explica por qué una iglesia tan pequeña y apartada sigue en la historia de Asís al lado de las basílicas.
Qué ver
Se construyó entre el siglo doce y el trece en formas pobres: una sola nave, ventanas pequeñas, el techo de madera a la vista, la espadaña sobre el tejado y una hornacina añadida en el siglo dieciséis. Los muros eran de piedra desnuda como en media Asís, aspecto perdido con la restauración de 2023.
En las paredes laterales quedan algunos frescos: una Virgen con los santos Francisco y Esteban, de un pintor desconocido del círculo de Giotto, y una Crucifixión de la que solo sobrevive la parte alta, atribuida a Dono Doni. Son fragmentos, no ciclos, y encajan con la medida del sitio: aquí no hay nada monumental.
La visita
La iglesia está en via Santo Stefano, en un callejón en cuesta a cinco minutos de la basílica de San Francisco; la entrada es libre, pero los horarios son cortos y no siempre se la encuentra abierta. Un cuarto de hora.
El consejo de la redacción
Siéntese dentro diez minutos sin hacer nada: es uno de los poquísimos sitios de Asís en los que uno puede quedarse solo, y la iglesia es tan pequeña que se oyen los pasos del callejón y las campanas de las otras iglesias. En una ciudad visitada por millones de personas, ese es el lujo verdadero.
