Desde la Rocca Maggiore la basílica de San Francisco se ve pequeña, al fondo de la ciudad. Es un detalle que explica Asís mejor que muchos libros: la fortaleza está arriba porque era el puño del emperador sobre la ciudad, y allí, según las fuentes, pasó su primera infancia Federico II de Suabia, llevado de niño al monte Subasio. En 1198 los de Asís se rebelaron, echaron al legado imperial junto con el niño y desbarataron la fortaleza a golpes de pico. Aquel año un muchacho de dieciséis años de la ciudad, hijo de un mercader de paños, se llamaba todavía Francesco di Pietro di Bernardone.
Qué ver
La fortaleza que se visita hoy no es la de 1173, la primera de la que hay noticia: es la reconstrucción que quiso en 1356 el cardenal Egidio Albornoz, enviado desde Aviñón a poner en orden las plazas fuertes de los Estados Pontificios. Los muros de piedra rosa del Subasio forman un trapecio con una torre en cada esquina, y en el centro se alza la torre del homenaje, que domina por un lado todo el valle del Tescio y por el otro la llanura umbra, hasta Perusa.
La parte más hermosa es el corredor que lleva al torreón poligonal del noroeste, levantado en el siglo quince por el condotiero Jacopo Piccinino: un pasillo largo y estrecho, cubierto, con las saeteras a intervalos regulares y la luz entrando en cuchillas. Se camina encorvado, a oscuras, y se sale en lo alto de la torre con la llanura delante. Fuera, los muros bajan por la cresta y enganchan la Rocca Minore al otro extremo del pueblo: todo el sistema defensivo de una sola mirada.
La visita
Se sube desde el centro en un cuarto de hora largo de cuesta fuerte, por la via di Porta Perlici o por las callejas encima de la catedral de San Rufino; la entrada pertenece al circuito de museos municipales, con horarios de temporada y más cortos en invierno. Una hora. Calzado cerrado: los caminos de ronda son irregulares y el corredor es bajo. Con mal tiempo algunas torres quedan cerradas.
El consejo de la redacción
Haga el corredor del torreón, aunque parezca incómodo, y hágalo sin encender el teléfono: las saeteras bastan para ver dónde poner los pies, y es el único modo de entender cómo se estaba dentro de una fortaleza. Luego, desde lo alto de la torre, busque el tejado de la basílica abajo a la izquierda. Hace ochocientos años, desde estas mismas almenas, se vigilaban las cabezas de quienes acabarían haciendo famosa a Asís en el mundo.
