En 1869 los habitantes de Extrepiéraz derribaron su iglesia del siglo quince y levantaron una nueva, más grande, en tres años. Pero no lo tiraron todo: conservaron el campanario de aguja y una parte del edificio al suroeste, que todavía se llama Chapelle des blancs, la capilla de los blancos, por el color de las vestes de la cofradía.
Qué ver
El campanario es por tanto cuatro siglos más viejo que la iglesia a la que está pegado, y no es pereza: en la montaña una torre campanario cuesta muchísimo, sirve de reloj y de alarma para toda la aldea, y mientras esté en pie no se toca. Las iglesias se rehacen, los campanarios se heredan.
Dentro hay un órgano de 1896, construido por Carlo Vegezzi Bossi, de una de las dinastías de organeros piamonteses más importantes de Italia. El instrumento se restauró tres veces a lo largo del siglo veinte, lo que significa que siguió en uso: un órgano que se repara es un órgano que alguien toca.
La visita
La iglesia está en Extrepiéraz, aldea de Brusson, en el val d'Ayas; es una iglesia de aldea, así que abre sobre todo para los oficios y en temporada. Veinte minutos.
El consejo de la redacción
Póngase de lado y mire el punto donde el campanario encuentra el muro de la iglesia. Allí se ve la junta entre dos obras separadas por cuatrocientos años: piedra distinta, espesores distintos, una alineación que no acaba de cuadrar. Es la cicatriz de un pueblo que eligió qué tirar y qué conservar.
