La reina Margarita de Saboya amaba la montaña de verdad: subía a pie, dormía en refugios, y en 1893 hizo inaugurar una cabaña en la cima de una punta del Monte Rosa, a más de cuatro mil quinientos metros, que lleva todavía su nombre. Desde 1889 pasaba los veranos en Gressoney, invitada de un barón del valle; luego decidió que quería una casa propia, con vistas al Rosa, y la consiguió aunque su marido prefiriera irse a cazar a otra parte. Castel Savoia se construyó para ella entre finales del siglo diecinueve y 1904.
Qué ver
El castillo es un falso medieval, y no lo esconde: cinco torres todas distintas entre sí, tejados puntiagudos, galerías de madera, como las casas de los libros ilustrados para niños. Lo proyectó Emilio Stramucci, el arquitecto que los Saboya empleaban para poner a nuevo sus residencias, y está a casi mil quinientos metros de altitud, apoyado en la ladera bajo el collado de Ranzola.
Dentro se visitan las habitaciones de la reina, con las maderas claras, la escalera, las estufas y el mobiliario devuelto a su sitio; el conjunto es más íntimo de lo que la palabra castillo hace pensar, porque era una casa de veraneo y no un palacio. Fuera, el jardín botánico alpino reúne centenares de especies de altura a lo largo de un recorrido que se hace en veinte minutos.
La visita
El castillo está en Gressoney-Saint-Jean, al fondo del valle del Lys, a unos cuarenta kilómetros de la autopista; se visita con entrada y visitas guiadas a horas fijas, con apertura estacional y cierre en algunos meses de temporada baja: conviene comprobarlo antes de subir. Una hora, hora y media con el jardín, abierto solo en verano.
El consejo de la redacción
Vaya en una mañana clara y, antes de entrar, rodee el castillo por detrás para mirar el valle: las puntas nevadas que se ven al fondo son las del Monte Rosa, y es por ese panorama que la casa se construyó exactamente allí y no trescientos metros más allá. Y si alguna vez ve en fotografía la cabaña de la cima, recuerde que una señora del siglo diecinueve con falda larga llegó hasta allí a pie.
