Es la iglesia más antigua de Padua y no se parece a ninguna otra de la ciudad: al mirar el ábside desde fuera uno tiene la impresión de estar en Rávena o en la otra orilla del Adriático. Santa Sofia se construyó entre los siglos décimo y doce sobre estructuras romanas más antiguas, en una zona que entonces estaba al margen del caserío, y es uno de los testimonios más importantes del románico véneto.
Qué ver
El ábside es la parte que vale el viaje: semicircular, altísimo, con dos órdenes de arcadas superpuestas y columnillas finas que dan la vuelta entera, según un modelo que viene de oriente y que en el interior véneto casi no se repite. Se mira desde fuera, rodeándolo, y después desde dentro, donde el juego de los arcos se repite y cierra el espacio del presbiterio.
Dentro, la iglesia está desnuda: columnas de piedra, algunas reutilizadas de edificios romanos, capiteles de épocas distintas, muros sin decoración, un suelo irregular. Con los siglos el edificio ha cedido y se ha inclinado, y se ha consolidado varias veces; caminando por las naves se nota que las líneas no son rectas. Es exactamente eso lo que la hace viva.
La visita
La iglesia está en via Santa Sofia, a diez minutos a pie del centro y de la basílica del Santo, en un barrio residencial fuera de los recorridos turísticos; entrada libre, horarios limitados y ligados a los oficios. Veinte minutos.
El consejo de la redacción
Dé la vuelta exterior al ábside antes de entrar, caminando despacio: desde ciertos ángulos los arcos se superponen y la pared parece un encaje de piedra. Entre después y póngase al fondo, mirando hacia el altar: se ve que el suelo sube, que las columnas no son todas iguales y que el edificio se hizo con lo que había. Es una iglesia de hace mil años que nunca intentó parecer perfecta.
