Sobre la segunda mitad del nombre hay dos explicaciones, y son hermosas las dos. En el territorio municipal se cruzan el cardo maximus, hoy la carretera regional del Santo, y el decumanus maximus, hoy la via Desman, del antiguo agro centuriado paduano: según una hipótesis de Enrico Nestore Legnazzi las «pertiche» del topónimo son las pértigas con las que los agrimensores romanos trazaron la centuriación, guardadas después dentro de un templo como objetos sagrados, terminado el trabajo. La segunda teoría es más tardía y lombarda: las pértigas serían las de un área cementerial, largas astas rematadas por imágenes de aves que servían para conmemorar a quien había muerto lejos, con el ave orientada hacia el lugar de la muerte. De aquel periodo es también la iglesia dedicada a san Jorge, santo guerrero muy querido por los pueblos bárbaros, y en torno a la iglesia se formó probablemente el pueblo.
Desde la donación de Berengario I de 911, confirmada por Federico Barbarroja en 1161, la zona fue señorío de los obispos de Padua. Hacia mediados del siglo once el obispo Bernardo hizo construir junto a la iglesia una fortaleza con cuatro torreones, fosos, terraplén y muralla, y allí, en 1222, el obispo Giordano recibió al cardenal Ugolino de Anagni, enviado por el papa Honorio III a recoger la financiación de la quinta cruzada. Los venecianos demolieron la fortaleza en el siglo quince: queda de ella una sola torre, recrecida tantas veces a lo largo de los siglos que se ha convertido en el campanario, de treinta y ocho metros de alto con lados de seis y la base hecha de ladrillos romanos y lombardos. El encuentro, en cambio, se ha quedado en el escudo, concedido el 18 de diciembre de 1951: el monte con la cruz representa el Calvario, es decir Jerusalén, la mitra a los dos prelados, los bezantes el dinero de la expedición.