Venecia nació aquí, antes de Venecia: cuando los lombardos tomaron Altino, el obispo huyó a la laguna con las reliquias y en 639 el exarca de Rávena le hizo construir una catedral en una isla de cañas, como dice la lápida de fundación que sigue en el ábside, el primer documento escrito de la historia veneciana. Torcello fue una ciudad de miles de habitantes, con palacios e iglesias, luego la laguna se encenagó, la malaria la vació y las piedras acabaron construyendo Venecia; queda la catedral, rehecha en 1008, con el campanario solo en el prado, la iglesita de Santa Fosca al lado y un puñado de casas. Fue sede episcopal hasta 1818.
Qué ver
Dentro, tres naves sobre dieciocho columnas de mármol griego, y los mosaicos más antiguos de la laguna: en la bóveda del ábside la Virgen Hodigitria, sola sobre un fondo de oro inmenso, alta y delgada en el manto azul oscuro, con el Niño en brazos y una lágrima en la mejilla, obra de maestros bizantinos del siglo doce, y bajo ella los apóstoles en fila sobre un prado florido, de un siglo antes. En el ábside derecho el Cristo entre los ángeles y los cuatro Doctores, con el Cordero en el medallón de la bóveda. Y en la contrafachada, para salir, el Juicio Final en seis franjas: la Crucifixión, el Cristo que derriba las puertas del infierno y saca a Adán, los ángeles que pesan las almas, los condenados con las cabezas comidas por serpientes y los bienaventurados en fila, la lección que los fieles se llevaban.
Entre la nave y el altar el iconostasio, con los paneles de mármol de los pavos reales que beben en la fuente y las tablas pintadas por Zanino di Pietro en el siglo quince; detrás del altar la cátedra del obispo en lo alto de los escalones del synthronon, como en las iglesias bizantinas. Fuera, en el prado, el trono de piedra que todos llaman de Atila y que era la silla del magistrado, el campanario al que subir para ver la laguna entera, y Santa Fosca, con el pórtico de cinco lados y el martyrion de cruz griega del siglo once.
La visita
A Torcello se llega desde Burano con un vaporetto que va y viene en cinco minutos, y desde Venecia en tres cuartos de hora desde las Fondamente Nove; desde el embarcadero se camina diez minutos a lo largo del canal. La basílica tiene entrada propia, con combinada para el campanario y el Museo de Torcello en los palacios de la plaza; cerrada a mediodía en invierno. En la isla está la Locanda Cipriani donde escribía Hemingway, y poco más: traiga tiempo.
El consejo de la redacción
Entre y no mire enseguida el ábside: dé la espalda al altar y lea el Juicio de arriba abajo, como lo leían los pescadores al salir de misa. Luego gírese hacia la Virgen, sola en el oro, y entenderá por qué Ruskin decía que aquí se siente la Venecia madre. Venga a última hora de la tarde, cuando los grupos se han ido y en el prado quedan el campanario, el trono y usted.
