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⛪ Iglesias y santuarios

chiesa di San Giacomo di Rialto

📍 Venezia, Véneto · 62/100

En medio de los puestos del mercado de Rialto, apretada entre los tenderetes de fruta y los bares, hay una iglesita baja con un pórtico y un gran reloj en la fachada. Los venecianos la llaman San Giacometo y cuentan que es la más antigua de la ciudad, fundada el veinticinco de marzo del 421, el mismo día en que según la leyenda nació Venecia. La fecha no se sostiene, el sitio sí: esta iglesia está en el punto donde la ciudad empezó a hacer negocios, y lleva mil años mirando el comercio.

Qué ver

El pórtico de delante es una rareza: casi todas las iglesias venecianas han perdido el suyo, esta lo conserva, con columnas de mármol y capiteles antiguos reutilizados. Por dentro es diminuta, de cruz griega, con seis columnas y bóvedas bajas; caben pocos y se está bien. El reloj de la fachada es del siglo quince y los venecianos bromean con él desde hace siglos, porque nunca ha dado la hora correcta.

Lo que hay que buscar está en el ábside, por fuera, hacia el campo: una inscripción en latín que ordena a los mercaderes ser honrados, no falsear los pesos y no hacer contratos torcidos. Es un cartel contra el fraude tallado en una iglesia, y está en el punto exacto donde se firmaban los contratos. Al otro lado del campo, enfrente, está el Gobbo di Rialto, la figura de piedra encorvada que sostiene la escalerilla desde la que se leían las leyes de la República.

La visita

La iglesia está en campo San Giacomo, al pie del puente de Rialto por el lado de San Polo, dentro del mercado; entrada libre, pero los horarios son cortos e irregulares y puede uno encontrarla cerrada. Diez minutos. El mercado del pescado y de la fruta trabaja a primera hora de la mañana, y ese es el momento adecuado para estar aquí.

El consejo de la redacción

Aunque la encuentre cerrada, rodee el ábside y lea la inscripción: es el reglamento comercial más antiguo de la ciudad y sigue ahí, por encima de las cabezas de quien compra tomates. Busque después al Gobbo: quien era condenado por robo corría desnudo entre los puestos desde San Marcos hasta él, y la pena terminaba cuando conseguía tocarlo.

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