El 9 de junio de 1588 los magistrados venecianos eligieron el proyecto de Antonio da Ponte frente a los de Jacopo Sansovino, Andrea Palladio y Giacomo Barozzi da Vignola: todos proponían varios arcos, él uno solo. Vincenzo Scamozzi, descartado, vaticinó la ruina. El puente se terminó en 1591 y ahí sigue. Antes se cruzaba el Gran Canal sobre un puente de barcas y después sobre una armadura de madera levantada hacia 1250, cuyo tramo central móvil se izaba para dejar pasar los barcos altos; se llamaba Ponte della Moneta por la ceca vecina y cambió de nombre cuando el mercado de Rialto se impuso. Ardió en parte en 1310 durante la revuelta de Bajamonte Tiepolo, se hundió en 1444 bajo la multitud que acudió a ver el cortejo de la esposa del marqués de Ferrara y se hundió otra vez en 1524.
Qué ver
El arco único salva 28 metros en la base y se eleva 7,5 metros; el puente mide 48 metros de largo y 22 de ancho, y descansa sobre unos 12.000 pilotes de olmo y un emparrillado de tablones de alerce. En las dos rampas hay veinticuatro tiendas, seis por hilera, de tres metros de anchura cada una: los alquileres iban al Tesoro del Estado y pagaban el mantenimiento, igual que ya ocurría en el viejo puente de madera.
En el lado sur, Antonio Rubini, discípulo de Alessandro Vittoria, esculpió una Anunciación: el ángel a la izquierda, la paloma en el centro y la Virgen a la derecha, en recuerdo del 25 de marzo de 421, día en que la leyenda sitúa la fundación de Venecia. La cara opuesta lleva a san Marcos y san Teodoro, de Tiziano Aspetti. En los estribos, las lápidas citan al dux Pasquale Cicogna y el año de las obras, «1170 años después de la fundación de la ciudad». Enfrente, en el Palazzo dei Camerlenghi, hay dos capiteles tallados a propósito para burlarse de quienes juraban que un puente de piedra tan ancho no aguantaría.
La visita
Se sube libremente, a cualquier hora, y se pasa del sestiere de San Marco al de San Polo. Hay tres recorridos paralelos: el pasillo central entre las dos hileras de tiendas y dos rampas exteriores junto a las balaustradas, mucho más despejadas. Las paradas de vaporetto Rialto y Rialto Mercato están al pie de las rampas. Todo son escalones, sin alternativa llana: quien tenga dificultades de movilidad debe contar con ello. Diez minutos bastan para cruzarlo, una hora si uno se detiene. Hasta 1854, año del puente de la Accademia, era el único paso a pie sobre el Gran Canal. La restauración de 2015-2019, cinco millones de euros pagados por un mecenas privado, fue la primera completa desde su construcción.
El consejo de la redacción
No lo fotografíe desde arriba: desde el tablero se ve el canal, no el puente. Baje a la Riva del Vin, en la orilla de San Polo, y mírelo de perfil a la hora azul, cuando las tiendas cierran y las rampas se vacían. Después vuelva a subir por la rampa exterior derecha: es la que permite ver las góndolas deslizarse bajo el arco.










