De esta iglesia la parte que cuenta es la cara: la portada y el rosetón del siglo catorce, tallados en piedra, son todo lo que queda del edificio medieval. El resto se ha rehecho y ampliado varias veces, y hasta el nombre ha cambiado: era de Santa Margarita, luego de San Agustín, y desde 1808 está dedicada a San José.
Qué ver
El rosetón es de radios, con la moldura labrada, y está sobre una portada apuntada con columnillas a los lados: son los dos elementos que señalan la iglesia como edificio de una orden mendicante, levantada en el siglo trece con nave única y techumbre de cerchas, típica de quienes debían meter gente para la predicación.
Dentro el aspecto es el de las reformas del siglo diecinueve y del veinte, y de la estructura original quedan pocas huellas, entre ellas una ventanita en el lado norte. La iglesia fue elevada a catedral en 1853, cuando Vasto tuvo su propia sede episcopal, y hoy es concatedral junto con la de Chieti.
La visita
La catedral está en piazza Pudente, en el casco antiguo de Vasto, a cinco minutos de la plaza principal; entrada libre, con cierre a mediodía y durante los oficios. Veinte minutos.
El consejo de la redacción
Mire la fachada de cerca y busque el punto donde acaba la piedra vieja y empieza la fábrica más reciente: se ve a simple vista, porque los sillares no son iguales. Es un edificio que ha conservado solo su rostro y ha cambiado todo lo demás, y esa es una historia que en los Abruzos, entre terremotos y reconstrucciones, se repite a menudo.
