En la ménsula a la izquierda del tímpano del portal hay una estatuilla de san Basso y, un poco más arriba, sobre los pilares, asoman dragones y grifos. Así funciona la fachada de la catedral de Termoli: un repertorio de piedra que se lee de cerca, arco por arco, antes incluso de entrar. Está orientada a levante, hacia el mar, y alcanza los 22 metros en su punto más alto.
La iglesia se levanta en el promontorio del casco antiguo, donde en 1037 se documenta una iglesia mayor dedicada a la Virgen, alzada a su vez sobre los restos de un templo pagano consagrado a Cástor y Pólux. El edificio actual es de los siglos XII y XIII, románico apulense; la parte alta de la fachada, en cambio, corresponde a la reconstrucción posterior al terremoto de 1464 y al ataque turco de 1566, y se reconoce enseguida por el material distinto y por el corte gótico.
Qué ver
El orden inferior de la fachada cuenta siete arcos: el central, más ancho y más alto, acoge el portal, mientras que algunos de los otros tienen el perfil de herradura de raíz oriental. Los capiteles alternan hojas y figuras humanas de frente, y entre los ajimeces ciegos una escena se reconoce como Anunciación; en el tímpano sobre la puerta se conserva, parcialmente, la Purificación que da nombre a la iglesia. Más arriba se abre un gran óculo abocinado que en su día llevó una rueda de radios. Dentro, la planta es basilical, sin crucero, con tres naves y tres ábsides semicirculares; la nave central está cubierta con cerchas de madera y las laterales con bóvedas de crucería de fábrica.
La cripta es la parte más antigua y la que más recompensa: un pavimento de mosaico románico con figuras de animales, capiteles, cornisas y fustes de columna recuperados de la fachada de la iglesia anterior, y una lápida de mármol de 1238 que servía de tapa al pozo donde aparecieron las reliquias de san Timoteo. Las de san Basso, patrón de la ciudad, habían salido a la luz en 1760.
El consejo de la redacción
Recorra el costado del edificio antes de entrar: las arquerías ciegas sobre lesenas delgadas siguen toda la longitud y, en el quinto arco, a la altura del zócalo, se abre una puerta menor que casi nadie advierte. Busque después, en el primer tramo de la derecha, el asiento de piedra en forma de L con su lápida en relieve. El campanario, muy posterior y rehecho varias veces, parece de otra iglesia: es la prueba de que esta catedral se ha desmontado y vuelto a montar más de una vez, y de que su aspecto actual procede de restauraciones del siglo XX que retiraron casi todo el barroco.
