En 1777 un desprendimiento cedió bajo los cimientos de la torre de Petacciato: el edificio se partió por la mitad, las bóvedas se vinieron abajo y el muñón que da a la playa bajó dos metros y se desplazó cuatro hacia el nordeste. Así ha quedado, abierto y legible en sección, a pocos metros de la orilla, junto a la carretera costera SS16.
Se había levantado en 1568 y figura en el censo de 1594; según Gambacorta era la vigesimoquinta y última torre sarracena de la Capitanata, dentro del sistema costero del Virreinato de Nápoles. Se comunicaba a la vista con las torres de Montebello, del Trigno y del Sinarca. Los problemas, sin embargo, empezaron enseguida: en este tramo de costa el terreno de cimentación se mueve por sí solo.
Qué ver
El modelo era el virreinal habitual: planta cuadrada de 11 metros de lado, cuerpo troncopiramidal con talud de 12 metros de altura, mampostería mixta, dos niveles. En la planta baja estaban las caballerizas, a las que se llegaba por una pasarela; en el primer piso, la vivienda, con ventanas, una chimenea y una escalera hasta la terraza armada, donde la garita se resguardaba tras un parapeto almenado sostenido por cuatro ménsulas grandes en cada fachada. La ruina, curiosamente, enseña todo esto mejor que un edificio intacto: el corte del desprendimiento deja los interiores a la vista como una sección dibujada.
El consejo de la redacción
Fíjese en de dónde vino la torre, no solo en dónde acabó. El desnivel entre las dos mitades cuenta el movimiento de la ladera mejor que cualquier cartel y explica por qué aquí, a siete metros del agua, nadie ha podido volver a levantarla.
