La iglesia madre de Lequile, dedicada a María Asunta, se reconstruyó en 1746 probablemente según diseño de Mauro Manieri, y desde entonces espera que la terminen: la fachada está incompleta, sin el remate final, y en el cuerpo superior dos hornacinas han quedado vacías. El campanario, de cinco pisos, se acabó solo en 1896 por obra del arquitecto Russo de San Cesario, mientras que el basamento y el primer piso estaban allí desde el siglo dieciocho. Dentro, en cambio, no falta nada: seis capillas con altares ricamente decorados, dos de ellos atribuidos al propio Manieri, y un lienzo de la Virgen Inmaculada con los santos Francisco de Asís y Catalina de Siena que se atribuye a la mano del gallipolino Gian Domenico Catalano.
Otra cosa, en Lequile, lleva el nombre de otro pueblo: las pistas del aeropuerto militar que todos llaman de Galatina están en realidad en el territorio municipal de Lequile. El pueblo está en el Valle della Cupa, la gran depresión cárstica que rodea Lecce, a cinco kilómetros de la capital, y su territorio está lleno de masserie hoy casi todas deshabitadas. Sobre el nombre se discute: un estudio reciente lo hace remontar a la expresión ad leucum, es decir a un lucus, un claro luminoso, o a un lacus, un espejo de agua limpia; la tradición local prefiere en cambio al centurión Leculo, que aquí habría construido una villa alrededor de la cual nació el pueblo — y es a él a quien alude el águila de los legionarios en el escudo concedido en 2013. En 2009, por último, las dos viejas parroquias de Lequile y de la pedanía de Dragoni fueron suprimidas y reunidas en una sola, dedicada al Espíritu Santo.