Dos fechas explican la iglesia del Rosario de Moliterno. La fábrica original es de 1510; en 1616 los dominicos tomaron el edificio y lo ampliaron, dándole las tres naves que todavía conserva. Poco más de un siglo separa el núcleo de comienzos del siglo XVI de la iglesia que el pueblo usa hoy, y quien ganó fue la obra del XVII: es su medida la que gobierna el interior, no la de la construcción antigua.
Qué ver
Las bóvedas son la razón principal para entrar. Están pintadas al fresco con cuidado y la decoración las recorre por completo: una vez dentro conviene mirar hacia arriba antes que hacia delante. Fue la ampliación de 1616 la que lo hizo posible, porque con las tres naves la iglesia ganó los tramos sobre los que pudieron trabajar los pintores.
Lo otro que hay que buscar son los altares de madera, tallados y de muy buena factura. Pertenecen a la misma dotación dominica que los frescos: mobiliario y no arquitectura, pero es la parte que más aguanta una mirada cercana, uno por uno.
La visita
No es una de las iglesias rurales del término: está en el casco urbano, en la lista de las iglesias del pueblo junto a la iglesia madre de Santa Maria Assunta. Dentro conviene seguir el orden en que el edificio creció: primero la planta de tres naves, que da la escala de todo, después las bóvedas pintadas que quedan encima y al final los altares de madera.
El consejo de la redacción
Encadenad la visita con la de la iglesia madre de Santa Maria Assunta, que guarda una tabla del siglo XVI con san Pedro, de Simone da Firenze, y una Última Cena del XVII de Giovan Francesco Ferro. Vistas una detrás de otra, las dos iglesias cuentan el mismo siglo con medios distintos: madera tallada aquí, pintura allá.
