Las oficinas de Eni en Viggiano están dentro de un convento franciscano. El conjunto, en las afueras del casco urbano, lo fundó en 1478 la Orden de los Frailes Menores y se llamaba Convento di Santa Maria del Gesù; la iglesia conventual, hoy dedicada a san Antonio de Padua, se edificó entre 1542 y 1546 y es la única parte del complejo que sigue haciendo el oficio para el que nació. Todo lo demás ha cambiado de uso varias veces: internado de 1873 a 1895, sede de la compañía de Carabineros desde 1900 y después oficinas de la petrolera y Museo de las Tradiciones Populares.
Qué ver
La iglesia tiene la planta sobria de las órdenes mendicantes: una sola nave cubierta con bóveda de cañón. Las reformas se fueron acumulando, porque el convento se reconstruyó por completo en 1646 y se remodeló a fondo en el siglo XVIII, y la iglesia también se retocó varias veces. La pieza que justifica la parada, sin embargo, sigue en su sitio: el coro de madera del siglo XVIII, detrás del altar.
La visita
La iglesia es el único espacio del conjunto que sigue abierto al culto: se encuentra abierta a la hora de los oficios, mientras que las demás alas las ocupan las oficinas de Eni y el Museo de las Tradiciones Populares, que además es la manera más sencilla de entrar en el resto del edificio. El convento está en las afueras y no en el centro histórico: subid a pie desde el pueblo y entenderéis cuánto lo separaba de las casas cuando lo fundaron los frailes.
El consejo de la redacción
No os quedéis en la iglesia: el Museo de las Tradiciones Populares, en el mismo conjunto, cuenta el Viggiano que fabricaba arpas y mandaba músicos a medio mundo. Visto antes o después del coro, explica el pueblo mejor que cualquier cartel.
