Las primeras noticias seguras sobre quién habitaba el castillo de Pescopagano llevan a 1164 y al conde Gionata di Balvano. De aquella plaza fuerte queda poco: más que un castillo propiamente dicho era una fortaleza, y de la fortaleza apenas se reconoce una estructura de torre en ruinas, sepultada bajo la hiedra y las zarzas. Un montón de piedras, dicho como hay que decirlo, pero colocado en el punto exacto desde el que se vigilaba todo el valle del Ofanto.
Qué ver
La peña es la verdadera razón de todo. Aquí, tras la batalla del Volturno del 554, se refugiaron los siete mil godos que después se rindieron a Narsés: Pescopagano, Montecalvo y Cairano, todas en el círculo de Conza, eran los puntos altos donde uno se ponía a salvo. En el 867 los sarracenos levantaron un fortín y, en época normando-suaba, el lugar acabó en el condado de Balvano, el mismo del conde Gionata.
El resto es una cadena de cambios de manos: en 1278 Carlos I de Anjou dio el feudo a Raynaldo de Panzellis Gallico, en 1331 pasó a Filippo Stendardo, luego fue donado a la reina Sancha de Aragón, que lo vendió a Mattia Gesualdo; en 1697 lo compraron los marqueses d'Andrea, que lo mantuvieron hasta el final del feudalismo. Del sistema defensivo, además de las ruinas de la cima, sobreviven trozos sueltos en el casco antiguo: en el flanco oriental del Palazzo Pascale, levantado sobre un complejo medieval preexistente, aún se ve uno de los torreones de la antigua muralla, mientras que la Torre dell'Orologio se apoya en la vieja Porta Sibilla.
La visita
Al castillo se llega por un recorrido reacondicionado hace poco. Arriba no hay nada que visitar en el sentido corriente de la palabra, ni salas, ni recorrido museístico, ni taquilla, pero está el mirador, y la vista alcanza más de 25 km del valle de abajo. Cuenten con hiedra y zarzas: lo que hay es una ruina, no un monumento acondicionado.
El consejo de la redacción
No suban esperando un castillo: lo que encontrarán es un montón de piedras cubierto de hiedra. Vayan por el motivo contrario, para entender por qué precisamente ahí, y colóquense de cara al valle: son esos 25 km de Ofanto los que explican de golpe el 554, el 867 y el 1164. Después bajen al pueblo y busquen, en el lado este del Palazzo Pascale, el torreón de la vieja muralla: ahí abajo el sistema defensivo se lee mejor que en la cima.
