⛪ Iglesias y santuarios

santuario della Beata Vergine di Montemauro

📍 Pescopagano, Basilicata · 27/100

El santuario de la Beata Vergine di Montemauro está a más de 1000 metros, en la cima rocosa del monte que le da nombre, a unos 5 km del casco urbano de Pescopagano; al pie de la montaña corre el torrente Ficocchia, que acaba en el Ofanto. La iglesia, pequeña, se ha reformado tantas veces que su edad ya no se lee en los muros: probablemente sea del siglo XI o XII y, según el historiador local G. Bruno, ya aparecería citada en la bula que el papa Inocencio III envió el 3 de noviembre de 1200 a Pantaleone, arzobispo de Conza, para ordenar algunas cuestiones sobre las posesiones de la archidiócesis.

Qué ver

A la Virgen que se venera aquí se la llama también de Mauriello, por el nombre de una aldea desaparecida: la iglesia habría nacido dentro de aquel caserío, que después se disolvió dejando en pie solo el lugar de culto. Es el dato más interesante de todo el santuario, un edificio que ha sobrevivido al pueblo que lo levantó.

Alrededor no hay nada más: roca y vegetación baja, y más abajo el torrente. Quien suba esperando un conjunto monumental se llevará un chasco; el santuario es una iglesia pequeña, y esa es exactamente su medida, un punto de llegada y no un monumento para recorrer. Conviene recordar de dónde viene el nombre del pueblo: Petra Pagana, por la persistencia de un culto pagano documentado con ídolos e inscripciones dedicadas al dios Silvano. En este territorio la sustitución de los cultos antiguos por los cristianos no es una fórmula de manual.

La visita

Se sube desde el pueblo, que queda a pocos kilómetros pero mucho más abajo; la meta es una cima, así que conviene calcular el tiempo como para una caminata de montaña y no como para una visita al centro histórico. El mes indicado es mayo: es cuando los vecinos de Pescopagano suben en peregrinación. En lo eclesiástico, el santuario cambió de casa en 1976: hasta el 8 de septiembre de aquel año Pescopagano pertenecía a la diócesis de Sant'Angelo dei Lombardi, y después pasó a la de Melfi, Rapolla e Venosa.

El consejo de la redacción

Vayan en mayo, pero no esperen una fiesta. Aquí mayo no tiene la alegría que tiene en otros sitios: no se han conservado ni los maggi de los que derivan las Calendimaggio medievales ni ritos como el Piantar di maggio, y el mes está marcado más bien por peregrinaciones penitenciales hacia la cima de Montemauro. Suban con ese ánimo y, antes de atacar la montaña, párense donde pasa el Ficocchia: desde ahí se mide de un vistazo el desnivel que los peregrinos hacen a pie.

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