El ala oeste del monasterio sigue habitada: dentro de un conjunto que los documentos registran desde 1141 hay viviendas particulares, con las ventanas asomadas a la meseta boscosa del monte Pierno. La badia di Santa Maria di Pierno nació donde los cronistas escribían que no había nada, in loco horroris et vastae solitudinis, y la leyenda remonta la iglesia a 1139 y a san Guillermo de Vercelli, que la habría querido tras el hallazgo de una talla de madera de la Virgen en ese mismo monte. Los documentos cuentan algo menos novelesco y más firme: desde 1141 el obispo Rogerio I concedió la iglesia a la abadía del Goleto, el gran monasterio femenino de Sant'Angelo dei Lombardi, y en Pierno vivieron monjas benedictinas y monjes oblatos, protegidos por los señores de Vitalba.
Qué ver
La primera obra seria es de finales del siglo XII: la dirigió Gilberto da Balvano, señor feudal del lugar, que llamó al arquitecto Sarolo y a artesanos de Muro Lucano. De aquella campaña queda la estructura de fondo, transformada por siglos de derrumbes y reconstrucciones. En 1514 el papa León X elevó el santuario a la dignidad de badia y entregó su patronato a los Caracciolo, señores del Vulture y del Melfese; en 1531 el conjunto pasó a los príncipes Doria. Después llegó el declive: a comienzos del siglo XVII, mientras las diócesis de Melfi y Muro Lucano se disputaban la jurisdicción, las rentas abaciales se habían acabado y en Pierno quedaban un fraile como custodio, un diácono como sirviente y un sacerdote como abad.
Ladera arriba de la iglesia, las excavaciones iniciadas en 1997 han vuelto a sacar a la luz la antigua abadía. Las construcciones se repartían en dos plantas: la superior, al nivel del pavimento de la iglesia, con un corredor y una sala rectangular; la inferior, igual de amplia y abovedada, se alcanzaba por una escalera de piedra. En el exterior aparecieron dos sepulturas del siglo XIV, probablemente de monjes, y bajo todo ello los restos de una construcción menor pero semejante, de época prenormanda.
La visita
El santuario está a unos diez kilómetros del pueblo, en una meseta dentro del Bosco Santa Croce, castañares, hayedos y abetales donde viven liebres, zorros y jabalíes: se llega en coche, y el trayecto es la parte larga de la visita. Además de la iglesia se reconocen el edificio cuadrangular del monasterio, con el patio en el centro, y la zona que fue el jardín. El día más concurrido del año es el 15 de agosto, fiesta de la Madonna di Pierno.
El consejo de la redacción
Antes de entrar en la iglesia den la vuelta por el lado de monte, donde están las excavaciones: desde allí se ve cuánto mayor era el conjunto que el edificio de hoy, y se entiende por qué una parte del monasterio servía de vivienda al sacristán y, quizá, de habitaciones para caminantes y peregrinos. Y si oyen hablar de Buffalo, no es un equívoco: en la iglesia de Sant'Antonio, en el estado de Nueva York, hay una copia de la estatua que los emigrantes de San Fele llevan en procesión desde 1941.
