El escudo del municipio lleva tres torres sobre una colina verde: son las del castillo. Tuvo tres, circulares, y hoy no queda ninguna entera. Las ruinas están a 1023 m, en la cima del mayor de los dos espolones rocosos entre los que se extiende Viggiano, en el punto más alto del casco urbano. La fortaleza es con seguridad anterior a 1239, el año en que el pueblo aparece como centro fortificado en el Regestum, la lista de feudatarios de Federico II; fue reformada en época angevina, cuando el feudo pasó a Bernardo della Baume, justicia de Basilicata y militar de Carlos I de Anjou. Con los normandos había sido de Guglielmo de Tiville y, desde 1167, de Berengario de Giso, ya señor de Sarconi y Perticara.
Qué ver
Lo derribó el terremoto de 1857, el mismo que destruyó casi por completo el pueblo. De todo el conjunto se han salvado algunos tramos de muralla y partes considerables de las torres angulares: lo bastante para seguir el perímetro y entender el poco sitio que había allí arriba. En el siglo XIV el feudo había pasado a Giovanni Pipino, luego a Roberto Sanseverino y desde 1467 a la familia Dentice, obligada en 1630 a vendérselo a Giovanni Battista Sangro, que en 1638 obtuvo el título de príncipe de Viggiano.
En el muro de levante está empotrado un mármol que simboliza a Mitra, dios de un culto mucho más antiguo que el castillo: la pieza menos previsible de toda la ruina.
La visita
Las ruinas se visitan libremente: ni taquilla ni horarios. Se sube a pie desde el centro histórico, por callejones enlazados con escaleras y pasadizos que siguen el relieve de la colina; al pie del castillo corre la calle de San Benedetto, con la iglesia homónima construida en 1561. Miren primero las torres angulares, la parte más legible de lo que queda.
El consejo de la redacción
Al subir, fíjense en los portales de las casas y en las claves de los arcos: hay pequeñas arpas talladas, fechadas entre 1858 y 1882, la firma de las familias de músicos que salían de Viggiano hacia el mundo; las piedras vienen de la orilla del torrente Alli. Arriba están en el punto más alto del pueblo, a 1023 m, y es el sitio adecuado para entender cómo Viggiano se reconstruyó tras 1857 conservando su trazado anterior.
