⛪ Iglesias y santuarios

basilica di San Francesco di Paola

📍 Napoli, Campania · 69/100

Debía ser el Foro de Joaquín Murat, y acabó siendo el voto de un rey que había recuperado el trono: la columnata que abraza la piazza del Plebiscito la empezó el cuñado de Napoleón, que había hecho derribar conventos y jardines para hacerse una plaza, y cuando volvieron los Borbones Fernando I puso en el centro una iglesia para dar gracias a san Francisco de Paula, con la primera piedra el 17 de junio de 1816 y el fin de las obras en 1846. El arquitecto, el tesinés Pietro Bianchi, tenía que copiar el Panteón y no superar en altura el Palacio Real de enfrente: hizo ambas cosas, y Nápoles tuvo su mayor monumento neoclásico.

Qué ver

Desde fuera, la escena entera: el hemiciclo de columnas dóricas de Leopoldo Laperuta, con los palacios a los lados, y en los dos focos de la elipse los caballos de bronce, Carlos III de Antonio Canova y Fernando I, con el caballo de Canova y el jinete de Antonio Calì; en el centro el pronaos con seis columnas jónicas de mármol de Carrara y en el frontón las estatuas de san Francisco, san Fernando y la Religión. La cúpula, de cincuenta y tres metros de altura, es el punto fijo de toda vista del golfo desde el mar.

Dentro, la rotonda: treinta y cuatro columnas de mármol de Mondragone de once metros de altura, con el lirio borbónico en los capiteles, que sostienen el tambor con las tribunas reales y la cúpula de casetones, y un pavimento de mármoles con dibujos geométricos que vale por sí solo la visita. En el altar mayor, de pórfido, lapislázuli y ágata, diseñado por Ferdinando Fuga en 1751 para otra iglesia y traído aquí, el lienzo de Camuccini con el santo que resucita a un muchacho. Alrededor, las estatuas de los evangelistas y de los doctores de la Iglesia esculpidas por los neoclásicos, Tenerani, Finelli, Angelini, y en las capillas el siglo dieciocho de Luca Giordano y De Matteis. Debajo, un hipogeo de mil metros cuadrados que repite bajo tierra la sala circular.

La visita

La basílica está abierta todo el día con una pausa a mediodía, gratuita, regida por los frailes mínimos; la piazza del Plebiscito es peatonal y los primeros pasos en la ciudad empiezan aquí, con el Palacio Real enfrente, el San Carlo y el Gambrinus a dos pasos. El pronaos es el mejor sitio para mirar la plaza al atardecer.

El consejo de la redacción

Haga el juego de los napolitanos: póngase de espaldas al portón del Palacio Real, con los ojos vendados o cerrados, e intente cruzar la plaza pasando entre los dos caballos. No lo consigue nadie, porque la plaza tiene una ligera pendiente, y la leyenda dice que una reina la hechizó. Luego entre en la rotonda y levante los ojos: es el Panteón sin el agujero, y es más silencioso.

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