La playa es más joven que muchos de los que se bañan en ella: se formó en 1962, cuando un desprendimiento arrancó de la pared los bloques de caliza blanca que hoy componen la orilla. Sobre la cala sigue en pie la aguja, una hoja de roca de 143 metros que los escaladores recorren desde finales de los años setenta; la vía más conocida, Sinfonia dei mulini a vento, la abrieron Manolo y Alessandro Gogna. La Región de Cerdeña la declaró monumento natural en 1993, el Estado italiano monumento nacional en 1995, y el 29 de abril de 2025 la lista The World's 50 Best Beaches la situó primera del mundo.
Qué ver
La orilla no es de arena sino de grava blanca finísima mezclada con algo de arena, y el fondo claro da al agua un verde que en las fotos parece retocado. En el lado derecho de la bahía se abre un arco natural que se cruza a nado en unas pocas brazadas. Entre las rocas, dentro de la cala, un manantial de agua dulce sale del subsuelo y desemboca en el mar: al entrar en el agua justo ahí se nota el cambio de temperatura en la piel.
Vista desde abajo, la aguja cambia de color con la luz: caliza compacta, veteada de negro por el agua de lluvia. El sendero de bajada atraviesa un valle de encinas, enebros y adelfas y solo en los últimos minutos se abre de golpe sobre la bahía, en el punto donde se para casi todo el mundo. Goloritzé es además una de las etapas del Selvaggio Blu, la travesía de varios días que sigue la costa de Ogliastra entre Santa Maria Navarrese y Cala Sisine.
La visita
Se llega únicamente a pie. El sendero sale de la meseta del Golgo, por encima de Baunei: 470 metros de desnivel, hora y media larga de bajada y algo más de vuelta. Desde el verano de 2007 las embarcaciones a motor deben quedarse a 200 metros de la orilla y está prohibido atracar, así que quien sale de Santa Maria Navarrese o de Arbatax ve la cala solo desde el mar. El acceso al sendero está limitado: se reserva por internet al menos el día antes, se paga una pequeña aportación y se entra dentro de un cupo de 300 personas al día. Abajo no hay nada: ni bar, ni sombrillas, ni agua potable.
El consejo de la redacción
Salimos temprano, en las primeras horas de la mañana: el sendero está casi todo al descubierto y la subida de vuelta, que es la parte dura, se lleva mucho mejor antes del calor. Calzado cerrado con suela que agarre, nada de sandalias, porque el último tramo es caliza pulida por las pisadas. Llevamos al menos dos litros de agua por persona y nos volvemos con toda la basura, cáscaras incluidas. Una última cosa: la cala mira a levante y por la tarde la pared le quita el sol antes de lo que uno cree, así que el buen baño es el de la mañana.


