Dos cosas llevan el nombre de este pueblo mucho más lejos que él. La primera es arqueológica: la fase plena del bronce final medio-tirrénico se llama universalmente «fase Tolfa», por los bronces del depósito de Coste del Marano. La segunda es económica. Entre 1460 y 1462 el cardenal Giovanni di Castro encontró aquí alunita, es decir, alumbre: el mordiente sin el cual la industria textil no podía teñir los paños, y que hasta entonces llegaba de Oriente pasando por Venecia, de yacimientos que la caída de Constantinopla, en 1453, había vuelto inalcanzables. En 1463 el papa Pío II le concedió la explotación de las minas por veinticinco años, y el papado se encontró con un monopolio europeo en la mano.
Lo recaudado, decidió el papa, debía pagar la guerra contra los turcos: un acta notarial de 1513 conservada en el Archivo Vaticano, que renueva el arriendo de Agostino Chigi bajo León X, va encabezada Appaltum Alluminum Sanctae Crociatae, el arriendo del alumbre de la Santa Cruzada. Tolfa creció tan deprisa que en 1530 Clemente VII le dio los estatutos de municipio autónomo y el pueblo salió de las murallas; y la instalación construida junto a las canteras, cuatro kilómetros más allá, con las casas para los obreros, se convirtió en un pueblo aparte: Allumiere, municipio autónomo desde 1826. Luego las caídas: en 1799, tras la revuelta contra la República Romana, los franceses saquearon el pueblo y acabaron de derribar la fortaleza de los Frangipane; y el 10 de octubre de 1943 doce hombres, probablemente militares dispersos tras el armisticio, fueron asesinados aquí por los alemanes. También el mar lo ha perdido Tolfa: se fue a Santa Marinella cuando esta se hizo municipio, y le quedan algunos derechos de uso común en la desembocadura del Rio Fiume.