Sobre el camino de ronda que sobresale del muro corren almenas de cola de golondrina, gibelinas; en el resto del recinto las almenas son cuadradas, güelfas. El castillo de Levanto sostiene dos bandos contrarios sobre la misma piedra, y es la manera más rápida de entender cuántas veces se rehízo. Una fortificación en la villa está documentada ya en 1165, cuando el territorio dependía de los Malaspina; un documento del siglo XIII habla de un «castello di Monale». Lo que hoy se ve, sin embargo, es de la segunda mitad del siglo XVI, obra genovesa, levantada quizá sobre la estructura medieval anterior.
Qué ver
La planta es un cuadrilátero: cuatro lienzos de muralla y una torre redonda. El camino de ronda vuela sobre el cuerpo del edificio, sostenido por arcos de ladrillo y ménsulas de arenisca; la torre lleva también almenas gibelinas y sus tres ventanas son un añadido posterior. En los frentes sur y este se abren, en dos niveles, las troneras practicadas durante la reconstrucción del siglo XVI: el castillo forma parte de las antiguas murallas de la población.
La decoración se reduce a dos bajorrelieves de pizarra de escuela genovesa, una Anunciación del siglo XV y un San Jorge y el dragón del XVI. En cuanto a lo que vino después, con la creación del Capitaneato de Levanto en 1637 el edificio acogió de forma provisional al Capitán, y más tarde sirvió de cárcel hasta 1797, el año de la caída de la República de Génova y de la llegada de los franceses.
La visita
El castillo está en la parte meridional del casco antiguo, entre salita San Giorgio y salita al Castello: se sube a pie por los callejones, a pocos minutos del paseo marítimo. Enajenado por el Estado en la segunda mitad del siglo XIX y restaurado con criterio conservador a caballo entre los dos siglos, es propiedad privada y no se visita por dentro. Queda el exterior, que desde las cuestas de alrededor se lee muy bien.
El consejo de la redacción
Aconsejamos rodear todo el perímetro en vez de quedarse en la primera vista: al cambiar de lado las almenas pasan de la cola de golondrina a la forma cuadrada y aparecen las troneras en sus dos niveles. La mejor luz para los muros es la del final de la tarde. Y merece la pena conocer lo que se cuenta en el pueblo: de los sótanos saldrían túneles hacia la playa y hacia la iglesia de la Santissima Annunziata.
