El faro de Capo Mele sigue estando atendido: dentro trabaja alguien todos los días. Se levanta en el promontorio que separa Andora de Laigueglia y los geógrafos lo usan como referencia: aquí termina, por el oeste, el golfo de Génova. El Genio Civil acabó la construcción en 1856 y desde entonces la arquitectura apenas ha cambiado; lo que cambió fue el color del revoco, que pasó del amarillo al rojo. La lámpara quemó petróleo hasta 1909, luego pasó al acetileno de producción directa con tres grupos de luces y desde 1936 al acetileno disuelto. La guerra lo dejó muy dañado: las reparaciones duraron entre 1947 y 1948, y en 1949 llegó la corriente eléctrica, que le valió la clasificación de faro aeromarítimo.
Qué ver
La torre es un fuste circular de mampostería de 25 metros de altura, con un diámetro de 3,82 metros a la altura de la linterna. La linterna es la original de mediados del Ochocientos: dodecagonal, con tres hileras de vidrios planos, y se alcanza por una escalera de 74 peldaños. Adosado a la torre está el edificio de tres plantas donde viven los fareros: es la parte que mejor cuenta el día a día de un puesto atendido.
Capo Mele depende del Comando Zona Fari de la Marina Militare, con sede en La Spezia, que atiende todos los faros del alto Tirreno. La Marina gestiona las señales marítimas italianas desde 1910, con técnicos militares y civiles: 128 faros de altura repartidos por unos 8.000 kilómetros de costa. Dicho de otro modo, lo que se ve desde la carretera no es una ruina romántica sino una instalación en servicio, con turnos y mantenimiento.
La visita
La Aurelia cruza el cabo entre Andora y Laigueglia, y el faro se mira desde fuera: al ser un puesto de la Marina Militare no tiene horarios ni taquilla, y el acceso depende de jornadas extraordinarias. La mejor vista es desde abajo, desde el paseo de Laigueglia o la playa de Andora, con la torre roja por encima del matorral. Si sube a pie por la carretera del cabo, cuente con la pendiente y con muy poca sombra.
El consejo de la redacción
Vaya en la última hora de luz. El cabo mira al oeste y el sol baja por la línea que los geógrafos eligieron como borde del golfo: el revoco rojo se vuelve naranja y la linterna de doce caras empieza a destellar cuando el cielo todavía está claro. Nosotros contamos con una parada larga y llevamos algo de beber, porque allí arriba no hay nada.
