El castillo de Andora se levantó en 1170 sobre un cerro que entonces se llamaba Paraxu, y durante siglos ese cerro fue Andora: el primer asentamiento estuvo aquí, a dos kilómetros de la costa, no en la playa. Hoy es una ruina entre la vegetación, con los restos de las murallas y de las torres defensivas asegurados por una restauración conservativa; junto con la iglesia románica de los Santos Jacobo y Felipe que tiene al lado, se considera el conjunto monumental más importante del poniente ligur.
Qué ver
El cerro está aislado, en la margen izquierda del valle del torrente Mèrula. Del recinto del siglo XIII quedan tramos de muralla y las bases de las torres, dispersos entre los arbustos; la iglesia de los Santos Jacobo y Felipe, en cambio, está entera, y es la razón por la que el lugar siguió frecuentándose cuando el castillo ya no servía. Los dos edificios se leen juntos: formaban un solo organismo, el centro de poder y de culto de la comunidad antes de que bajara al mar.
La historia se lee en los cambios de propiedad. En el siglo XII el castillo era baluarte y residencia de los marqueses de Clavesana, que en 1252 lo vendieron a la República de Génova; los genoveses lo transformaron y lo ampliaron, convirtiéndolo en casa del podestá local. Después la desembocadura del Mèrula se encharcó, entre los siglos XV y XVI los habitantes se marcharon a los pueblos vecinos y sobre todo a Laigueglia, y en 1676 también el podestá trasladó allí su sede, por las malas condiciones palúdicas del Paraxo. Aun así, el castillo mantuvo plenas funciones administrativas hasta la Revolución francesa.
La visita
El conjunto está en la aldea de Castello, unos dos kilómetros por encima del núcleo de Andora; se llega en coche subiendo desde el fondo del valle, o a pie desde el pueblo con una caminata en cuesta. Quien circula por la autopista A10 Génova-Ventimiglia ya lo ha visto sin saberlo: la silueta se reconoce bien desde el viaducto sobre el Mèrula. El sitio está al aire libre y se rodea libremente a pie, mientras que la iglesia abre según un calendario que conviene comprobar antes de subir.
El consejo de la redacción
Aconsejamos subir a última hora de la tarde, cuando la luz da de lado sobre la piedra de la iglesia y el valle de abajo se vacía de tráfico. Lleve calzado cerrado: entre las ruinas el terreno es irregular y la hierba alta. Y tómese el tiempo de rodear las murallas hasta el lado que mira al mar: desde ahí se entiende por qué durante cinco siglos pareció razonable vivir aquí arriba en lugar de en la orilla.
