Sobre el portal, una lápida da los nombres de quienes pagaron: Zenobia del Carretto y Giovanni Andrea Doria I, los señores que entre 1588 y 1598 quisieron esta iglesia dentro del programa con el que estaban convirtiendo Loano en ciudad imperial. Los padres agustinos habían llegado al pueblo el 19 de junio de 1582; el convento contiguo se terminó en 1604 y la comunidad permaneció allí hasta 1801. El proyecto se atribuye al arquitecto Giovanni Ponzello y la obra la dirigió el maestro de obras Bartolomeo Lanardo. En 1644 el edificio acogió la congregación general de la orden agustina.
Qué ver
La fachada es ancha y muy sencilla, y anuncia ya desde fuera las tres naves: un portal central más amplio y dos puertas laterales recuadradas en piedra de Verezzi. Dentro, la iglesia está dedicada a la Madonna delle Misericordie, mientras que el uso ha fijado el nombre doble de Sant'Agostino e Santa Rita, por la capilla de santa Rita de Cascia.
Dos filas de columnas de piedra dividen el espacio en tres partes y sostienen lo que en la práctica es una galería de pintura del siglo XVI: lienzos de Benedetto Brandimarte, Giovanni Battista Paggi y Ottavio Semino, además de las estatuas monumentales de los evangelistas. Sobre la puerta, en el muro de los pies, hay una Última Cena atribuida a Pier Francesco Piola y fechada en sus últimos años: los apóstoles están sentados en torno a una mesa rectangular, sin el aparato escénico que el tema suele arrastrar.
La visita
Iglesia y convento están en el casco antiguo, cerca del Palazzo Doria, hoy ayuntamiento: el convento da a un claustro y de allí sale la avenida arbolada que baja hacia el palacio. No abre todos los días; la custodian los Templari Cattolici d'Italia, que la abren en algunas ocasiones, los domingos o los sábados por la tarde en verano, así que conviene preguntar antes de subir. En 2017 las dependencias conventuales las usaba el CEIS de Génova para acoger a refugiados.
El consejo de la redacción
Nada más entrar, aconsejamos darse la vuelta hacia la puerta: la Última Cena del muro de los pies es lo que casi todos se pierden, porque queda a la espalda de quien mira al altar. Después salimos y recorremos la avenida arbolada hasta el Palazzo Doria. Iglesia, convento y palacio nacen del mismo proyecto familiar, y recorrerlos seguidos es la manera más rápida de entenderlo.
