Fue desde esta colina sobre Loano donde los carmelitas descalzos, reunidos en dos capítulos generales entre 1623 y 1626, decidieron abrir un convento en Praga. El conjunto había nacido pocos años antes por voluntad de Gianandrea Doria: las obras arrancaron el 13 de septiembre de 1602 con proyecto del arquitecto Rembado y su hijo Andrea II las cerró el 22 de marzo de 1609. Napoleón suprimió la casa en 1810, los frailes volvieron en 1833 y la casa de Saboya la suprimió de nuevo entre 1855 y 1866. Los Doria recompraron la propiedad en 1874 y la cedieron a los carmelitas de forma definitiva en 1935. Desde 1910 figura en la lista de monumentos nacionales italianos.
Qué ver
En el centro está la iglesia de la Madonna del Monte Carmelo: planta de cruz latina, cúpula sobre base octogonal y espadaña. El interior es de una sola nave, con bóveda de cañón de medio punto y ninguna decoración; el altar mayor y los cuatro altares laterales son de mármol de gusto renacentista tardío. Bajo el presbiterio se abren las tumbas de los príncipes Doria, condes de Loano, enterrados aquí hasta 1793.
Los lienzos son de los primeros años del siglo XVII y llevan firmas de peso: Domenico Cresti, llamado il Passignano, Giovanni Battista Paggi y Francesco Vanni. De la escultura son el grupo procesional en madera de la Virgen del Carmen, obra del siglo XVIII de Anton Maria Maragliano, y un crucifijo del siglo XV. Al este de la iglesia el convento se ordena en torno al claustro, con los huertos detrás donde se cultivan plantas medicinales; al oeste resiste el palacio de verano de los Doria con su torre defensiva, hoy repartido entre viviendas y estudios privados.
La visita
Se sube desde Loano por la via Costino Montecarmelo y se entra por dos amplias rampas de gran efecto, una desde el este y otra desde el oeste. La iglesia da a una plaza abierta al pueblo y al mar, y ahí se detiene casi todo el mundo antes de cruzar el umbral. El convento sigue siendo una casa religiosa en activo: los horarios dependen de la comunidad y la zona de clausura no se visita.
El consejo de la redacción
Aconsejamos el final de la tarde, cuando la luz rasante alcanza el golfo y la plaza ante la iglesia se vacía. Ya dentro, busquen el crucifijo del siglo XV: en una nave desnuda, sin estucos ni frescos que distraigan, es la pieza que más tiempo permanece en la memoria.
