La torre de Sant'Antonio no se levantó para adornar la costa: se levantó porque del mar llegaban los piratas. La construyó la República de Génova a lo largo del siglo XVI, junto con la torre de Coreallo, cuando las incursiones sarracenas en este litoral eran cada vez más frecuentes. Génova tenía sus motivos para invertir: Spotorno era genovés desde 1385, cuando el papa Urbano VI vendió a la República el feudo del pueblo y el de la vecina Pietra Ligure por 60.000 florines. Desde entonces la localidad quedó en la podestería de Capo di Vado, junto con Vado, Bergeggi y Noli, y su costa se convirtió en un trozo de frontera que había que vigilar.
Qué ver
Las dos torres se repartieron el trabajo por puntos cardinales: Sant'Antonio a levante, Coreallo a poniente. Juntas cubrían el arco de la ensenada en la que se extiende el pueblo, pero el encargo no era solo marítimo: la vigilancia debía alcanzar también el terreno montañoso que queda a espaldas del caserío.
La torre era una pieza de un sistema más amplio. Spotorno, como sus vecinos, contaba con una buena defensa, de la que formaba parte también el castillo de la colina que domina la ciudad, construido en el siglo XII por los obispos de Savona y destruido varias veces por los hombres de Noli; la estructura cuadrangular que se ve hoy sería del siglo XVI, los mismos años que las torres. Verlos en la misma jornada ayuda a entender cómo funcionaba la cadena.
La visita
A Spotorno se llega por la vía Aurelia, que cruza el pueblo y lo une con Bergeggi al norte y Noli al sur, por la salida de la autopista A10 o en tren: la estación se comparte con Noli, en la línea Génova-Ventimiglia. El frente marítimo se extiende dos kilómetros de arena, con paseo, jardines públicos y balnearios; para buscar la torre, el lado de referencia es el de levante. No constan horarios ni entradas.
El consejo de la redacción
Aconsejamos el paseo hacia levante a última hora de la tarde, cuando la luz viene de tierra y los perfiles sobre el agua se leen mejor, y una mirada a la colina del castillo antes de dar la vuelta: desde ahí se entiende por qué la República puso los centinelas justo en esos dos puntos. Después párense en la piazza Aonzo, que con la contigua via De Maestri es el centro verdadero del pueblo, y dediquen un rato a meterse por los callejones.
