En un pueblo de pocos cientos de almas hay una residencia grandiosa con un parque alrededor, levantada en el siglo dieciséis por un papa: Gregorio XIV, es decir Niccolò Sfondrati, la mandó construir para su hermana y para los sobrinos Crotti, y pasó luego a los marqueses Zaccaria. Dentro hay un salón pintado al fresco por Sebastiano Galeotti. En la iglesia prepositural de San Giacomo, entre lienzos del siglo diecisiete y del dieciocho, cuelga un Descendimiento de Vincenzo Campi que se data hacia 1570; la fachada, en cambio, es mucho más tardía, diseñada en 1880.
En 1951 la Agip encontró metano bajo Bordolano y empezó a subirlo. En marzo de 1952 el pozo se incendió, y ardió durante un mes: lo apagaron unos técnicos traídos de los Estados Unidos. Hoy en el pueblo hay una fábrica de accesorios de cobre y acero para instalaciones de calefacción y fontanería, que vende mucho más allá de las fronteras italianas; y a finales de 2015 casi uno de cada cinco residentes era extranjero, como pasa en bastantes municipios pequeños de esta llanura. En la carretera de Castelvisconti está el santuario de la Madonna della Neve.
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