En Pieve San Giacomo se hicieron lámparas para Murano. El joven artesano Giuseppe Borghisani, con su diploma de perito mecánico, empezó a proyectarlas aquí para las vidrierías de la laguna, y obras suyas se ven todavía en Montecarlo, en París y en Londres: el vidrio venía de Venecia, el diseño y el metal de la llanura cremonesa. En el siglo veinte el pueblo tuvo además la empresa Manfredi, que cada año trabajaba más de veinticinco mil metros cuadrados de madera y estaba entre los líderes mundiales de los revestimientos; cerró en 1994, después de que el año anterior los obreros hubieran ocupado el ayuntamiento. En Gazzo, desde la posguerra, está en cambio la quesería Auricchio, que transforma cada día dos mil quintales de leche, sobre todo en provolone.
El nombre viene de dos santos y de una condesa. El patrón es san Babila, el obispo que según los testimonios recogidos por el historiador don Angelo Grandi fue decapitado precisamente en la via Postumia, el camino que pasaba por aquí; la iglesia parroquial, en cambio, fue dedicada a Santiago apóstol en el siglo once por Matilde de Canossa, particularmente devota de aquel santo. Hubo luego en el pueblo un monasterio benedictino, habitado por los monjes hasta el siglo diecisiete: lo confirman dos tumbas con los restos de dos frailes, halladas en 1963.
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