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🏛️ Plazas y cascos históricos

piazza del Duomo

📍 Milano, Lombardía · 63/100

La piazza del Duomo es grande porque Milán derribó un barrio para hacerla. Hasta el siglo diecinueve, delante de la catedral había una maraña de casas, tiendas y soportales, y el Duomo solo se veía levantando la cabeza desde un callejón. Entonces la ciudad decidió abrir un espacio a la altura de su ambición: se tiró todo, se construyeron los dos palacios con soportales que cierran los lados largos y se abrió la Galería. El arquitecto que diseñó el conjunto, Giuseppe Mengoni, murió en 1877 al caer del andamio de su propia Galería, pocos días antes de la inauguración.

Qué ver

El Duomo está enfrente con sus pináculos y sus estatuas, y no deja sitio para nada más; pero la plaza tiene su propia dirección. A la izquierda se abre el arco de la Galería Vittorio Emanuele, que lleva a la Scala; a la derecha está el Arengario, el edificio de piedra de la época fascista convertido hoy en el Museo del Novecento. En medio, el monumento ecuestre a Víctor Manuel mira a la fachada, y el pavimento dibuja el gran espacio vacío donde los milaneses se reúnen cada vez que pasa algo, para celebrar o para protestar.

La plaza no está nunca quieta: en la misma media hora la cruzan los turistas en cola para el tejado de la catedral, los oficinistas que atajan camino del trabajo, las palomas, las manifestaciones, los vendedores. Es el punto donde la ciudad se mira al espejo, con todo lo que eso trae, incluidos los carteristas que trabajan donde la gente está con el teléfono en la mano y la cabeza hacia arriba.

La visita

Se llega en metro, parada Duomo, o a pie desde cualquier punto del centro. La plaza está siempre abierta; la catedral, las terrazas y el museo tienen entradas propias y colas largas, que conviene reservar. El Museo del Novecento está en el Arengario, y en la Galería se come caro. Media hora para la plaza, una tarde para todo lo que asoma a ella.

El consejo de la redacción

Venga a las siete de la mañana, antes de que abran las tiendas: la plaza está vacía, el sol bajo coge la fachada de lado y el mármol de Candoglia se vuelve rosa. Es el único momento del día en que se entiende lo grande que es. Más tarde, suba al Museo del Novecento: desde la ventana de la última planta, bajo el neón de Lucio Fontana, el Duomo se ve enmarcado como un cuadro.

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