⛪ Iglesias y santuarios

concattedrale di Santa Maria Assunta

📍 Venafro, Molise · 52/100

En Venafro lo llaman «Marzo Settecappotti». Es un bajorrelieve de aspecto extraño, ligado al obispo Pietro di Ravenna, y por sí solo cuenta que esta iglesia se levantó más de una vez. Dedicado a la Virgen María asunta al cielo, el duomo es el templo más grande de la ciudad y uno de los mayores de la región; en el pueblo se dice sencillamente la Cattedrale, o el Vescovado. Desde 1986 es concatedral de la diócesis de Isernia-Venafro, nacida de la unión de la antigua sede venafrana con la de Isernia.

Qué ver

La primera iglesia se alzó a finales del siglo V por voluntad del obispo Costantino, sobre un templo pagano y con materiales arrancados a edificios más antiguos: bloques romanos y decoraciones paleocristianas reutilizados sin muchos miramientos. Aquel edificio quedó en ruinas y fue reconstruido en la segunda mitad del siglo XI por el propio Pietro di Ravenna. La nueva fábrica tampoco tuvo vida fácil: despojada por las tropas de Federico II, dañada por los terremotos de 1349 y 1456, obligada a alojar a los soldados de Carlos VIII en 1495. Las reparaciones ya no se detuvieron.

Dentro se abren tres naves con pinturas del siglo XIV. De las cinco portadas, la de la derecha de la principal es puerta santa al menos desde 1508. En la nave derecha se asoman cuatro capillas laterales; a la izquierda se entra en la capilla del Santísimo Sacramento, tan amplia que en Venafro la llaman el Cappellone. En la capilla del Crucifijo, terminada en el siglo XVI, el retablo se atribuye a la escuela de Domenico Antonio Vaccaro.

La visita

Entre finales del siglo XVII y todo el XVIII la catedral se vistió de formas barrocas, una intervención tan extensa que el obispo Francesco Saverio Stabile la reconsagró el 21 de octubre de 1764. Después el gusto volvió a cambiar: las restauraciones de la segunda mitad del siglo XX retiraron casi todo el barroco para devolver al edificio su aspecto gótico y medieval. Lo que hoy se ve es, por tanto, una decisión reciente; conviene saberlo ante estos muros desnudos.

El consejo de la redacción

En febrero de 1935 el canónigo Nicolino Passarelli mandó desmontar un confesionario para restaurarlo y advirtió restos de color bajo la gruesa capa de estuco blanco de la nave izquierda: debajo había tres frescos, uno por capilla. Recorra esa nave despacio. Al salir, el verde que hay tras el ábside es el parque Oraziano, que sube hacia las montañas: nada explica mejor cómo la iglesia se agarra al borde de la ciudad.

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