Chieri conserva una planta medieval de manual — calles en radios que convergen en la catedral —, y la catedral compensa la llegada: Santa Maria della Scala está entre las mayores iglesias góticas del Piamonte, con el baptisterio al fresco. De las cien torres que la ciudad tuvo queda en pie entera una sola, la de casa Ferrero, en la esquina de via Vittorio Emanuele con piazza Cavour. La riqueza vino de los telares, y aquí está lo que nadie espera: en el siglo quince en Chieri se tejía un fustán azul que salía por el puerto de Génova, donde servía para los sacos de lona de vela y para cubrir las mercancías en los muelles. Según una reconstrucción bien fundada, el nombre blue jeans viene justo de ahí: bleu de Gênes, el azul de Génova.
El escudo de Chieri es un tratado de paz. Desde 1228 la ciudad estaba partida entre los Militi, las familias nobles cuyo patrón era san Guillermo de Aquitania y de quien tomaron el leopardo de oro en campo rojo, y la sociedad de San Giorgio, que bajo la cruz de san Jorge defendía los intereses del pueblo, del comercio y de los artesanos. Las dos facciones dejaron de combatir en 1347, con el acta de entrega a Amadeo VI de Saboya, y más tarde los dos símbolos se fundieron en uno solo: el de hoy. Entre el siglo quince y el veinte Chieri tuvo una de las comunidades judías más vivas del Piamonte, y quedan el gueto, tres cementerios y algunos pasadizos que salen en distintos puntos de la ciudad; en 1802 uno de sus miembros, David Levi, fue elegido alcalde. La iglesia que Juvarra tenía por una de sus obras mayores, Sant'Andrea, los franceses la usaron como fábrica de algodón y la derribaron en 1811 para que no volviera a ser iglesia. Hoy la biblioteca está dentro de una fábrica de algodón de verdad, la Tabasso. En Pessione el museo Martini cuenta veinticinco siglos de vino; por el campo pasa el paralelo cuadragésimo quinto, marcado por un globo de acero en una rotonda. Y están el Freisa di Chieri y la focaccia dulce, la que se come al final de la comida.