Las celebraciones por el patrón, san Ángel de Jerusalén, ocupan los primeros días de mayo y culminan el 5, día de la fiesta patronal. Según la tradición, el origen se remonta al 8 de mayo de 1457, cuando durante el Capítulo provincial de los Carmelitas de Sicilia, celebrado en Licata, se confirmó el culto del santo.
El acto principal es la carrera de la urna: la de plata, del siglo XVII, que contiene las reliquias del santo, acompañada por cuatro ceri, grandes máquinas procesionales de madera también del siglo XVII. La urna la llevan los marineros; los ceri, representantes de los oficios tradicionales — campesinos, aparceros, marineros, pastores. Por el recorrido, desde los balcones se lanzan pétalos de flores, y entre portadores y gentío corre la invocación en dialecto «E chi semu surdi e muti?», a la que se responde «Viva Sant'Angelo!». La carrera, dice la tradición, recuerda el traslado de las reliquias para librarlas de las incursiones otomanas.
