En el tercer piso de la fachada hay una logia de tres arcos, y servía para un solo día al año. Desde allí las monjas miraban pasar la procesión de santa Águeda, que subía desde Sant'Agata alla Fornace hasta la catedral: un trozo de arquitectura construido para asistir a un acontecimiento preciso, a lo largo de un recorrido preciso, una vez cada doce meses.
Qué ver
Las clarisas se establecieron aquí en el siglo dieciséis gracias al barón Antonio Paternò, que les donó su propia casa y sus bienes, y a una aportación posterior de Chiara Statella; el sitio se adaptó como convento a mediados de siglo. Luego llegó el terremoto de 1693, el que arrasó el sureste de Sicilia, y la iglesia quedó casi enteramente destruida. La reconstrucción siguió el proyecto de Giuseppe Palazzotto, e iglesia y convento se completaron en 1760. Es la historia de toda Catania: lo que se ve hoy es casi por completo fruto de las décadas siguientes a aquella sacudida, y por eso la ciudad tiene una compacidad de estilo rara en otros sitios.
La fachada sobre via Garibaldi es pequeña y sin pretensiones, de tres pisos. El interior es lo contrario: suelos de mármoles policromos, un coro pintado y dorado sobre el vestíbulo, cinco lienzos de altar, y una nave octogonal cubierta por un gran fresco que representa el Triunfo de la orden de las clarisas, pintado en 1766 por Olivio Sozzi. El monasterio que está detrás de la iglesia alberga hoy una galería de arte moderno, lo que significa que la antigua clausura se ha convertido en un espacio expositivo abierto al público.
La visita
La iglesia abre para los oficios, con horarios propios que conviene comprobar; la galería del ex monasterio tiene en cambio horarios y condiciones propios, independientes. Está en via Garibaldi, en pleno centro, a lo largo del eje que lleva hacia la catedral. Media hora para la iglesia.
El consejo de la redacción
Antes de entrar, retroceda a la acera de enfrente y levante los ojos al tercer piso: los tres arcos de la logia se ven perfectamente desde la calle. Piense después en quién estaba detrás. Eran mujeres de clausura, y aquella logia era para muchas de ellas la única ocasión de ver con sus propios ojos la mayor manifestación pública de la ciudad. No es un mirador panorámico: es una ventana apuntada a una fecha del calendario.









