🌿 Jardines y termas

Villa comunale di Taormina

📍 Taormina, Sicilia · 123/100

El jardín público de Taormina lo inventó una inglesa que llegó aquí exiliada. Florence Trevelyan, prima de la reina Victoria, desembarcó en la ciudad en 1884 y nunca volvió a Inglaterra; en 1890 se casó con Salvatore Cacciola, profesor de cirugía y alcalde de Taormina durante más de veinte años. Entre 1897 y 1898 compró 87 parcelas en la ladera y trazó allí un jardín inglés lleno de especies raras que llamó «Hallington siculo», en recuerdo del pueblo inglés donde había crecido. Murió en 1907 y quiso que la enterraran en Castelmola, sobre Taormina. Para que el parque quedara en manos de los taorminenses fue expropiado por el Real Decreto n. 528 del 18 de febrero de 1923 y puesto a nombre de Giovanni Colonna, duque de Cesarò: desde entonces todos lo llaman parco Duchi di Cesarò, aunque hoy lleve el nombre de ella.

Qué ver

Las construcciones que asoman entre los setos son las victorian follies, los pabellones de fantasía que Trevelyan hizo levantar entre 1890 y 1899 con piedra de lava, ladrillo y madera para observar los pájaros. No hay dos iguales: detalles árabes, góticos y orientales montados sin demasiados escrúpulos eruditos, y en el pueblo alguno los llama colmenas.

El resto es botánica y panorama. Palmeras, agaves, cactus, buganvillas, ficus llegados de la India, pinos marítimos, glicinas y jazmines ocupan una terraza natural asomada al mar Jonio, a la bahía de Giardini-Naxos y al Etna. Hay pajareras con loros y, junto al monumento a los caídos, un viejo cañón y un torpedo de la Segunda Guerra Mundial.

La visita

Se entra por la via Bagnoli Croce, cinco minutos por debajo del Corso Umberto y unos diez del Teatro Antiguo. La entrada es gratuita y la verja abre normalmente a las 8:00 y cierra hacia las 20:00, con variaciones según la temporada. Los paseos son llanos y sombreados, hay bancos, una zona de juegos para niños y un bar: cuarenta minutos bastan para la vuelta, una hora si uno se sienta. El lado del mar es un balcón continuo, y ahí se para todo el mundo.

El consejo de la redacción

Venimos a última hora de la tarde, cuando los grupos ya se han ido y la luz coge el Etna de lado: es la hora en que el parque vuelve a los taorminenses. Luego miramos las follies de cerca, no de pasada desde el paseo: la piedra de lava, el ladrillo y la madera están colocados a mano, pieza a pieza, y se nota. Quien tenga tiempo, que haga el recorrido al revés, entrando por la verja alta y bajando hacia el mar: así el panorama llega de golpe, al final.

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