En 1838 se supo en Noto que iba a llegar Fernando II de Borbón, y la ciudad le construyó una puerta: el proyecto es del arquitecto napolitano Angelini y el arco quedó terminado ese mismo año, con el aspecto que aún conserva. Del mismo autor es la estatua del rey, que más tarde cambió de oficio y se convirtió en el monumento a los caídos.
Qué ver
La Porta Reale, llamada también Ferdinandea, es el acceso monumental al casco antiguo y abre el corso Vittorio Emanuele, el eje en el que se alinean la catedral, el Palazzo Ducezio y las tres plazas principales. Es un arco exento y no el hueco de una muralla: nació como umbral de honor para una visita real y se quedó como puerta de una ciudad que no necesitaba murallas.
Antes de levantarse el arco, este lado del caserío estaba cerrado por un ancho barranco fangoso y poblado de árboles, y al otro lado quedaba el convento de los capuchinos: la puerta señala el punto por el que la ciudad se asomaba al exterior. La piedra es la caliza local, la misma de la reconstrucción posterior al terremoto de 1693, la que con el sol bajo tira a dorado y hace reconocible todo el centro de Noto.
La visita
No hay entrada ni horarios: el arco está al aire libre, en un extremo del corso, y bastan unos minutos para verlo. Conviene dejar el coche fuera del centro y llegar andando, porque a partir de aquí se camina: de la puerta a la catedral y al Palazzo Ducezio hay unos diez minutos de subida suave, con los palacios barrocos uno detrás de otro. La plaza que hay delante del arco fue reformada por el ayuntamiento en 2014.
El consejo de la redacción
Recomendamos volver dos veces, de día y después del atardecer: la iluminación nocturna despega el arco del fondo oscuro y la fotografía cambia por completo. Busquen luego el monumento a los caídos: esa estatua nació como retrato de Fernando II, el rey para el que se construyó la puerta, y es la continuación más curiosa de esta historia. El centro histórico está en la lista de la UNESCO desde 2002, entre las ciudades del barroco tardío del Val di Noto, y la puerta es el punto justo para empezar a caminar.
