🏺 Sitios arqueológicos

Mozia

📍 Marsala, Sicilia · 51/100

En una isla en medio de la laguna del Stagnone, frente a Marsala, sobrevive una de las pocas ciudades fenicias que han llegado casi intactas hasta nosotros. Mozia se fundó en la primera mitad del siglo VIII a.C. y, como Cartago, nació como escala comercial fenicia: protegida por las aguas someras de la laguna, creció hasta convertirse en uno de los principales centros púnicos de Sicilia. Su historia se quiebra a comienzos del siglo IV a.C., cuando Dionisio de Siracusa la asedió y la destruyó — es aquí donde se cuenta por primera vez el uso de la catapulta; reconquistada por los cartagineses en 396 a.C., ya no se recuperó, superada por la nueva Lilibeo, la actual Marsala.

Qué ver

La pieza que todos buscan es el Joven de Mozia, la estatua de mármol hallada en 1979 y expuesta en el museo Giuseppe Whitaker: una obra maestra griega de altísima calidad, encontrada emparedada en las fortificaciones que se levantaron a toda prisa poco antes del asedio. El resto de la isla es un libro abierto de arqueología fenicio-púnica: el santuario del Cappiddazzu, el tofet — el recinto sagrado donde se depositaban las cenizas de los niños —, el kothon, la pila de agua ligada a un templo del dios Baal, y la Casa de los Mosaicos. Aún se conservan amplios tramos de la muralla, con dos puertas, en un circuito de unos 2,5 kilómetros, mientras que hacia tierra firme aflora la calzada sumergida, la vía antigua por la que los carros llegaban a la ciudad. El museo custodia los frutos de las excavaciones que Joseph Whitaker inició en 1906 y de las campañas de la Sapienza, que entre 2002 y 2012 reescribieron la historia del yacimiento.

La visita

Buena parte de las viviendas antiguas y de las áreas sagradas se visita al aire libre, entre la vegetación y los viñedos que todavía cubren la isla: San Pantaleo — así la llamaron en el siglo XI los monjes basilios — pertenece desde 1971 a la Fundación Giuseppe Whitaker, que gestiona tanto las excavaciones como el museo. Cuenta con tiempo para la vuelta completa a la muralla y para el museo, que es lo esencial de la visita.

El consejo de la redacción

No te quedes en el Joven de Mozia: busca, en el lado que mira a tierra firme, la calzada púnica hoy sumergida, uno de los pocos sitios donde tocas con la mano la ingeniería fenicia. Y date tiempo para la vuelta a la muralla: sus 2,5 kilómetros cuentan cuánto importaba defender esta isla.

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