Miles de personas al día pasan por via de' Cerretani para ir de la estación al Duomo, y ninguna mira hacia arriba. Si lo hicieran, en la esquina del campanario de Santa Maria Maggiore verían una cabeza de piedra empotrada en el muro, medio gastada: los florentinos la llaman Berta y cuentan que era una mujer convertida en piedra. Es en realidad un fragmento romano colocado ahí hace siglos, y es la señal de que esta iglesia diminuta, que todos recuerdan siempre cerrada, es una de las más antiguas de la ciudad: ya estaba documentada en 931, siglo y medio antes de las murallas de Matilde.
Qué ver
Por dentro es pequeña y oscura, con pilares de piedra y bóvedas góticas: ninguna decoración que distraiga. Lo más importante está en la capilla a la izquierda del altar mayor: una Virgen con el Niño de Coppo di Marcovaldo, del siglo trece, que no es ni pintura ni escultura sino las dos cosas, un bajorrelieve de madera pintada, una técnica casi desaparecida. Es solemne, frontal, bizantina, y está entre las imágenes más antiguas que pueden verse en Florencia.
En el suelo y en las paredes están las lápidas de las familias del barrio, y aquí fue enterrado Brunetto Latini, el notario y letrado que fue maestro de Dante y al que su alumno metió en el Infierno sin dejar de llamarlo maestro. El costado norte de la iglesia, el de via de' Cerretani, corre por donde pasaba la muralla romana tardoantigua: bajo la acera está el límite de la Florentia de los primeros siglos.
La visita
La iglesia está en la esquina de la piazza Santa Maria Maggiore con via de' Cerretani, a dos minutos del Duomo y cinco de la estación; entrada libre, pero los horarios son limitados y van ligados a los oficios: puede uno encontrarla cerrada. Veinte minutos. La atienden los carmelitas.
El consejo de la redacción
Busque a Berta antes de entrar: está en el lado del campanario hacia via de' Cerretani, muy arriba, y para dar con ella hay que cruzar la calle y levantar los ojos. Entre después y quédese un minuto en silencio: está a cien metros del Duomo y del gentío, en una iglesia donde no hay nadie, ante una Virgen pintada cuando Florencia no tenía todavía el florín de oro.
