El concurso convocado en 1418 para cerrar el crucero no tuvo ganador oficial y el premio nunca se pagó: se acordó levantar la fábrica treinta brazas y luego decidir según cómo aguantara. Filippo Brunelleschi la llevó hasta arriba sin cimbras de madera, con dos cáscaras separadas y ladrillos colocados en espina de pez, y el papa Eugenio IV consagró la iglesia el 25 de marzo de 1436, año nuevo florentino. La obra venía sin embargo de lejos: la primera piedra se puso el 8 de septiembre de 1296 sobre el proyecto de Arnolfo di Cambio, encima de la vieja catedral de Santa Reparata. Giotto asumió la dirección en 1334 y se ocupó casi solo del campanario; después llegaron Andrea Pisano, la peste negra de 1348 y Francesco Talenti. La fachada de mármoles policromos de Emilio De Fabris es de otra época: 1887.
Qué ver
Dentro está la mayor superficie al fresco del mundo: 3.600 metros cuadrados de Juicio Final, iniciado por Giorgio Vasari en 1572 y terminado por Federico Zuccari en 1579, con el Infierno y los siete pecados capitales justo encima de la puerta de entrada. En el muro de los pies está el reloj de hora itálica pintado por Paolo Uccello en 1443, con las cabezas de los cuatro evangelistas en las esquinas: las manecillas giran al revés y el día empieza al ponerse el sol, como se hizo hasta el siglo XVIII. Algo más allá, también de Paolo Uccello, el monumento ecuestre a Giovanni Acuto, el condotiero inglés John Hawkwood, pintado en falso bronce verde como si fuera una estatua.
En la nave izquierda una escalera baja a las excavaciones de Santa Reparata, entre pavimentos paleocristianos y enterramientos, donde está también la tumba de Filippo Brunelleschi. En la tribuna izquierda, embutida en el suelo, la placa del gnomon de Paolo dal Pozzo Toscanelli: desde 1475 un orificio de unos cuatro centímetros abierto en la linterna, a noventa metros de altura, proyecta la imagen del sol sobre el pavimento, y cada 21 de junio sirve todavía para observar el solsticio. Las vidrieras historiadas son cuarenta y cuatro en cincuenta y cinco vanos, en su mayoría sobre cartones de Lorenzo Ghiberti, con Donatello, Paolo Uccello y Andrea del Castagno entre los dibujantes.
La visita
Entrar en la iglesia es gratuito, aunque la cola rodea la plaza buena parte del año; cúpula, campanario, baptisterio, museo de la Opera y excavaciones van en una entrada única del conjunto, y la subida a la cúpula se reserva con hora fija. No hay ascensor y el último tramo discurre por el hueco de 1,20 metros entre las dos cáscaras: se sube en fila india, y quien lleve mal los espacios estrechos hará mejor en elegir el campanario, de peldaños más anchos y que a cambio enseña la cúpula entera. Para la catedral bastan cuarenta minutos; para el conjunto hace falta media jornada.
El consejo de la redacción
Reservamos la cúpula en el primer turno de la mañana, cuando la escalera aún está fresca y la luz cae rasante sobre los tejados. Antes de salir, eso sí, pongámonos justo bajo el centro de la cúpula y miremos el Infierno de Zuccari sobre la portada: desde la galería de arriba se leen los registros altos, y los bajos solo funcionan desde el suelo.










