El Castello Principesco, el castillo principesco, está en el centro histórico de Merano, al pie del monte Benedetto. Algunas bodegas se habían empezado hacia mediados del siglo XV, pero el castillo se construyó a partir de 1470 por voluntad del duque Segismundo de Austria, llamado «el Rico en monedas», como sede del Kelleramt, la administración económica del condado, y como vivienda privada. En 1516 se alojó en él el emperador Maximiliano I. Después, entre un cambio de propietario y otro, fue cayendo lentamente en ruina, y en el siglo XVII consta que solo se usaba la capilla. Durante las guerras napoleónicas el gobierno bávaro lo cedió como indemnización a los príncipes Thurn und Taxis, que lo convirtieron en sede administrativa. En 1815 lo compró el Ayuntamiento.
Qué ver
El patio está pintado al fresco con motivos naturalistas, plantas y animales que se enroscan en figuras humanas. En la capilla hay una estatua del siglo XV de san Jorge con el dragón y varios frescos; en la habitación del príncipe una estufa de mayólica del siglo XV, probablemente la más antigua que existe. Por las salas se reparte una colección de instrumentos musicales antiguos, armas y utensilios de cocina.
Dos grandes salas, en origen almacenes, conservan numerosas pinturas llegadas en parte del museo cívico de Merano: entre ellas los retratos de la emperatriz María Teresa y del emperador Francisco I, los retratos de las hermanas Strellin de Franz Anton Zeiler y un grupo de retratos de Simon Ybertrachter, fechados entre 1726 y 1762.
La visita
El castillo es un pequeño museo, con unos veinte mil visitantes al año, y las dos salas grandes sirven también para bodas civiles. Conviene comprobar horarios y entradas en la web del Ayuntamiento de Merano.
El consejo de la redacción
El castillo existe todavía gracias a una petición. El Ayuntamiento quería derribarlo para dejar sitio a una escuela: las protestas de los vecinos, organizadas por el historiador del arte David von Schönherr, lo salvaron. De 1878 a 1880 lo restauró el arquitecto Friedrich von Schmidt, que le dio el aspecto tardogótico y lo amuebló con muebles, arcones, armas y pinturas de la época de su construcción; en 1880 reabrió al público.


