El topónimo está atestiguado desde 1005 y es probablemente prerromano, cruzado después con el alemán Farn, helecho. El escudo, en cambio, cuenta un intercambio: los caballeros de Voitsberg tomaron el nombre von Vahrn cuando compraron el castillo de Salern, sobre el pueblo, y fueron sus insignias las que más tarde pasaron al municipio. Del castillo, destruido en 1277, quedan ruinas bien visibles desde abajo. A Varna la llaman también la puerta del sol, porque está donde el alto valle Isarco se abre en la cuenca de Bresanona.
El pueblo creció sobre la vieja carretera del Brennero, con posaderos y artesanos que vivían del tráfico de carros. Cuando en 1867 se abrió el ferrocarril del Brennero aquel tráfico terminó, y Varna se reinventó como lugar de veraneo: hasta la Primera Guerra Mundial, de mayo a octubre, llegaban huéspedes de Viena y de Múnich a descansar a la sombra de sus castaños, y hacia 1910 fue un banquero vienés quien construyó el primer hotel moderno. En el municipio está la abadía de Novacella, y a lo largo de la carretera de Scaleres hay pilas Kneipp al aire libre, libres para todos, en el agua helada del torrente.
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