Los baños que dan nombre a este municipio los volvió a encontrar quien no los buscaba. La leyenda, que el poeta Giovanni Prati recogió entre otros, cuenta de una maga refugiada en una garganta, del conde de Castel Spine que la defendió de las burlas y a quien ella recompensó haciéndolo bañarse en el manantial de su cueva, curándole las manchas rojas del rostro; luego un desprendimiento, ocurrido de verdad hacia 1400, lo sepultó todo. El redescubrimiento, en cambio, está documentado y es mucho más prosaico: en el siglo diecinueve el agua termal reapareció en unas filtraciones del terreno donde los campesinos dejaban enriar el cáñamo, y fueron ellos quienes notaron que aquella agua curaba la sarna, los eczemas y las enfermedades de la piel. Se empezó a excavar, y debajo salieron los restos de un antiguo baño termal romano y de la cueva. Las instalaciones termales, sin embargo, están en la orilla izquierda del Sarca, en el territorio del municipio de Stenico: el municipio lleva el nombre de unos baños que no están dentro de sus límites.
Los baños puestos de nuevo en uso los compró Gian Battista Mattei, que en 1825, cuatro años después, los dejó en herencia a los pobres de las tres pievi de Banale, Lomaso y Bleggio, con la administración confiada a los párrocos. Antes de entonces esta zona formaba parte de las Siete Pievi de las Giudicarie, que bajo el príncipe obispo de Trento gozaban de una autonomía parcial, con un capitán episcopal alojado en el castillo de Stenico: una forma de gobierno medieval que sobrevivió incluso a los Habsburgo y acabó solo con la Primera Guerra Mundial. Entre 1850 y 1950 de estos pueblos se emigró mucho, hacia el norte de Europa, Argentina y los Estados Unidos, y en el siglo diecinueve ardieron varios caseríos: Vergonzo en 1859, Bono en 1860, Lundo en 1864. En Vigo Lomaso está la única iglesia del Trentino con el baptisterio separado.