🌿 Jardines y termas

Villa d'Este

📍 Tivoli, Lacio · 90/100

Para alimentar las fuentes, Pirro Ligorio mandó excavar bajo Tívoli una galería de unos 600 metros que llevaba el agua del Aniene hasta una balsa de recogida: 300 litros por segundo, sin una sola bomba. El jardín sigue funcionando así, solo con presión natural y vasos comunicantes. La villa nació de un apaño: nombrado gobernador vitalicio de Tívoli, el cardenal Ippolito II d'Este, hijo de Alfonso I y de Lucrecia Borgia, llegó a la ciudad en septiembre de 1550 y descubrió que debía alojarse en un viejo convento franciscano. Decidió convertirlo en villa, encargó el diseño a Ligorio y sacó buena parte de sus mármoles de las ruinas de la villa de Adriano, justo más abajo.

Qué ver

El jardín baja más de cuarenta metros, por terrazas unidas con rampas y escaleras. Arriba, la fuente del Óvalo, terminada por Ligorio en 1567, recoge el agua en una amplia exedra detrás de un velo de agua bajo el que se pasa; de allí arranca la avenida de las Cien Fuentes, dos hileras superpuestas de mascarones, lirios y obeliscos que cruzan el jardín a lo ancho y acaban en la Rometta, donde la Roma antigua está reconstruida en pequeño, con la isla Tiberina en forma de nave. Enfrente están las dos máquinas hidráulicas: la fuente del Órgano, cuyo mecanismo de aire comprimido volvió a sonar en 2003, y la fuente de la Lechuza, con pájaros de bronce que cantan hasta que el búho los calla.

La fuente de los Dragones se levantó deprisa en septiembre de 1572 para la visita del papa Gregorio XIII; el Bicchierone, una copa dentada que vierte en una concha, lo diseñó Gian Lorenzo Bernini en 1661; la fuente de Neptuno, la más teatral, es de 1927. En total son 35.000 metros cuadrados, 250 chorros, 255 cascadas, 100 pilas y 50 fuentes. En el palacio, la planta noble la pintó un equipo dirigido por Livio Agresti con Girolamo Muziano, Cesare Nebbia y Federico Zuccari; en el apartamento inferior, un fresco muestra el proyecto de la villa con el palacio todavía en obras. El cardenal llegó a inaugurarla y murió el 2 de diciembre de ese mismo año.

La visita

Desde Roma se llega en tren desde Tiburtina o en autocar regional desde Ponte Mammolo; la villa está en el casco antiguo de Tívoli, a cinco minutos a pie de la piazza Garibaldi. La entrada de hoy es la de arriba, por el palacio: se baja a la ida y se sube a la vuelta, por empedrados desiguales y escaleras estrechas que resbalan con lluvia. Dos horas son el mínimo para ver las fuentes sin prisas. El Órgano suena a intervalos fijos, la primera vez a las 10:30, y la Lechuza poco después: conviene montar el recorrido sobre esos horarios. La villa de Adriano depende del mismo instituto y queda a pocos kilómetros, pero es otra media jornada de caminata.

El consejo de la redacción

Nada más entrar dejamos el eje central: tomamos una rampa lateral, bajamos hasta el fondo y luego subimos. Ligorio pensó el jardín para quien llegaba desde abajo, por el antiguo camino de la ladera, y solo al subir se abren las terrazas una tras otra en el orden previsto. Terminamos arriba, en la logia: delante se extiende la campiña romana y, en los días claros, Roma al fondo.

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