Las cabinas giran mientras suben. En los cuatro minutos del primer tramo y en los siete del segundo el suelo completa una vuelta entera, el panorama desfila alrededor de los pasajeros y nadie tiene que pelearse por el cristal: esa es la idea que hizo famosa la Skyway, abierta el 30 de mayo de 2015 tras una obra iniciada en 2011 y con un coste de 110 millones de euros, cifra que la convirtió entonces en el teleférico más caro jamás construido. Sube desde Entrèves, aldea de Courmayeur a 1.300 metros, hasta los 3.466 metros de Punta Helbronner, en la vertiente italiana del macizo del Mont Blanc.
Qué ver
La estación intermedia es Pavillon du Mont Fréty, a 2.173 metros: bar, restaurante, una sala de cine y el Hangar 2173, montado en los locales de la vieja estación, que repasa los teleféricos que subían aquí antes de este. Fuera arranca una red de senderos y está el jardín botánico alpino Saussurea, abierto en verano y el más alto de Europa: más de 900 especies, casi todas de ambientes valdostanos. Es el sitio donde conviene bajarse a la vuelta, si el tiempo aguanta.
Arriba, en Punta Helbronner, la terraza se asoma al Dente del Gigante, a las Grandes Jorasses, al Grand Combin, al Monte Rosa y al Gran Paradiso. Dentro de la estación una muestra permanente reúne cristales del macizo, cuarzos, granates y muestras de oro nativo de Brusson, y una librería que a esta altura es la más alta de Europa. Un túnel horizontal y un pozo con ascensor llevan al refugio Torino y sirven además para anclar la estación en la roca: se excavaron sin explosivos, con cientos de perforaciones pegadas unas a otras. Del segundo tramo solo se ven dos pilonos, uno de ellos de 100 metros.
La visita
La estación de partida está en Pontal d'Entrèves, junto a la boca del túnel del Mont Blanc y a pocos minutos de la salida de la autopista; el aparcamiento es amplio, pero los fines de semana de agosto se llena pronto. La subida completa dura un cuarto de hora; precios y horarios cambian con la temporada y la instalación cierra por largos periodos de mantenimiento, así que conviene comprobarlo antes de salir y reservar franja horaria. Arriba se está a más de dos mil metros por encima del fondo del valle: incluso en julio la temperatura ronda los cero grados y el viento corta, hacen falta chaqueta, gafas de sol y paso lento. En los meses de verano, desde Punta Helbronner se puede seguir con el telecabina de los glaciares hasta la Aiguille du Midi y bajar a Chamonix.
El consejo de la redacción
Cojamos la primera subida del día y saquemos ida y vuelta con parada en el Pavillon. A esas alturas las nubes se forman casi todas las tardes: con la primera cabina el Mont Blanc suele estar limpio y el valle todavía bajo la bruma, mientras que a media tarde uno se arriesga a pagar por un muro blanco. A la vuelta bajemos en el Pavillon y quedémonos una hora: el jardín botánico, un plato en la terraza y el silencio de los pastos valen tanto como la cima, y el cuerpo agradece el descenso por etapas.







