Antes de Venecia está la laguna, y sin la laguna Venecia no se explica. Son unos 550 kilómetros cuadrados de agua salobre encerrados entre la desembocadura del Sile y la del Brenta, la laguna más extensa del Mediterráneo: solo el ocho por ciento es tierra firme, el once agua y canales, el resto marismas, bajíos y llanuras de marea que afloran y desaparecen dos veces al día. Desde 1987 todo el territorio es patrimonio mundial de la UNESCO junto con la ciudad.
Qué ver
La laguna se formó hace unos seis mil años, cuando el mar subió sobre la llanura tras la última glaciación. Fue un refugio: entre los siglos quinto y sexto las gentes romanas que huían de las invasiones se asentaron en las islas, y la crecida del 589, la Rotta della Cucca, cambió el curso de los ríos y unió las cuencas en una sola extensión de agua. Así nacieron Torcello, Murano, Burano y Mazzorbo, mucho antes de que Rialto contara algo. Una carta de Casiodoro cuenta aquel mundo: gente que come pescado, comercia con sal en lugar de moneda, tiene una barca como en tierra firme se tiene un caballo y vive en casas «parecidas a nidos de aves marinas».
El paisaje de hoy es obra del hombre tanto como de la naturaleza. Entre los siglos quince y dieciséis la República desvió el Brenta, el Sile y el Piave fuera del borde lagunar para impedir que la laguna se cegara; las tres bocas de puerto, Lido, Malamocco y Chioggia, la conectan con el Adriático, y las filas de postes, las bricole, señalan los canales navegables. Además de las islas habitadas están las del silencio: San Francesco del Deserto con su convento, San Lazzaro degli Armeni, los dos Lazzaretti, Sant'Erasmo, que es el huerto de Venecia.
La visita
La laguna se explora con los vaporetti de línea hacia Murano, Burano y Torcello, con los barcos hacia Chioggia y Pellestrina, o con las barcas de fondo plano que entran en los canales menores entre las marismas. Las mareas la transforman: en otoño y primavera el acqua alta inunda las islas más bajas, mientras la marea baja descubre los fondos. Las compuertas móviles del MOSE, en las bocas de puerto, se levantan los días de marea excepcional.
El consejo de la redacción
No se quede en Murano y Burano: tome el vaporetto hasta Torcello, la madre de Venecia, y siga a pie hasta la catedral. Desde el campanario se ve la laguna norte como la veían los primeros refugiados: marismas, canales y cielo, con la ciudad lejana que parece apoyada sobre el agua.
