En Accettura, el domingo de Pentecostés, un gran roble desprovisto de ramas se levanta en la plaza del pueblo y en su punta se injerta la copa de un árbol más pequeño: es el Maggio, la fiesta del patrón san Julián. El museo de los cultos arbóreos existe para explicar por qué un pueblo sigue haciendo algo así. Es un museo etnoantropológico, inaugurado en 2005 por el alcalde Vincenzo Amoia, y recoge la herencia de los estudios de Giovanni Battista Bronzini y del antropólogo Ferdinando Mirizzi.
Qué ver
La exposición alinea cuadros, colecciones de fotografías y vídeos de la fiesta, y luego los utensilios de la civilización campesina y del trabajo en el bosque: las mismas manos que en mayo cortan, arrastran y levantan el árbol usaron esas herramientas todo el año. Al lado hay una biblioteca con textos sobre los cultos arbóreos en Italia y en Europa y una videoteca con las películas de las fiestas del Maggio, la parte que los visitantes con prisa se saltan y que sostiene todo lo demás.
Lo segundo que hace el museo es dibujar un mapa. Los ritos del árbol han quedado en muy pocas localidades del Mediterráneo, y aquí se enumeran una por una: en Basilicata, Accettura, Oliveto Lucano, Pietrapertosa y Castelmezzano; en el Pollino, entre Basilicata y Calabria, Rotonda, Viggianello, Terranova di Pollino, Laino Borgo, Alessandria del Carretto y Castelsaraceno; y, repartidos por Italia, Ponte Nossa, Pastena, Vetralla, Castel Giorgio, Bajardo, Baiano y Terrasini. Entre los museos etnoantropológicos, el de Accettura es quizá el único de su clase en Europa.
La visita
El museo está dentro del Parque natural de Gallipoli Cognato - Piccole Dolomiti Lucane y hace también de centro de visitantes: es el sitio donde parar antes de subir a los bosques, a los cercados con gamos y ciervos o a la zona arqueológica de Monte Croccia. Empiecen por las películas y sólo después pasen a las herramientas; en el orden inverso siguen siendo objetos mudos.
El consejo de la redacción
Si vienen para el Maggio, entren en el museo antes y no después. La fiesta dura horas, se sigue en medio de la gente y no se explica sola, mientras que la videoteca conserva las películas de ediciones pasadas y les lleva a la plaza sabiendo qué están mirando. Pregunten también por Bronzini: el libro que dedicó al pueblo en 1979, Accettura: il contadino, l'albero, il santo, lleva ya en el título todo el triángulo que el museo cuenta.
