Tras la anexión al Reino de Cerdeña, el gobernador de las Romañas, Luigi Carlo Farini, agregó este pueblo a la provincia de Módena. Los habitantes protestaron, y el quince de diciembre de 1860 Sant'Agata volvió definitivamente a la de Bolonia. Dos años más tarde, con un real decreto de 1862, la denominación municipal fue cambiada de Sant'Agata a Sant'Agata Bolognese: después de haberse batido por quedarse en aquella provincia, el pueblo se la escribió también en el nombre. El escudo, en cambio, no ha sido nunca concedido formalmente por nadie, y sin embargo está en uso desde el siglo dieciocho: un roble de oro sobre fondo azul. El castillo, que es el actual casco histórico, se empezó en el siglo once, y su torre — hoy campanario — fue completada en 1189 bajo Federico Barbarroja; la puerta de abajo lleva todavía el nombre de Otesia, el municipio romano que se alzaba por aquí. En el siglo catorce se terminaron las casas con sus pórticos originales, y en esos mismos años nació la Partecipanza agraria, la institución de propiedad colectiva de la tierra.
Aquí las cosas se hacen a menudo con otras cosas. La feria nació en el siglo dieciocho; en 1730 se completó la cubrición del canal chiaro, que atravesaba el centro de puerta a puerta; y en 1878 la iglesia de la Addolorata fue construida utilizando el material de la Porta di Sopra, que había sido demolida — una puerta convertida en iglesia. El palacio Taruffi, que hoy es la sede municipal, tiene anexo un teatro del Bibiena, y el reloj público se remonta al siglo dieciséis. Muchos vestigios antiguos se han perdido en cambio en las guerras entre facciones y en las batallas entre Bolonia y Módena, de las que Sant'Agata, por estar en la frontera, fue siempre un puesto avanzado fiel a los boloñeses. Hoy el pueblo es conocido en el mundo por la fábrica que tiene aquí su sede, Lamborghini, con su museo: una empresa que había empezado construyendo maquinaria agrícola.